Un click para leer orden inverso

19.7.10

20



Llevé el móvil al norte con velocidad moderada, tratando de adecuarme a él. Trámite nada complicado. La máquina funcionaba en base a sensores que obtenían de la transpiración el código singular y activaban la memoria local que interactuaba con los patrones electromagnéticos del operador de la unidad, estos patrones eran registrados por sensores en diversos implementos, por lo regular guantes. Recibí un anuncio: "Por ordenes de la secretaria central, si no tiene servicio en la zona, entre en el rango de los cinco kilómetros alrededor de la catedral en 3 minutos como límite". El tablero era una amplia pantalla retráctil desmontable, froté mis dedos y apareció el mapa de la ciudad, como si la pantalla adivinara mis intenciones, sólo las interpretaba. En la medida que le facilitaba el trabajo a los sensores magnéticos se reproducía la orden de manera fiel, algún error de interpretación podría prender luces en lugar de abrir puertas, debía entonces mantenerme en frecuencia con la memoria local del móvil. Crucé las piernas y aparecieron varios puntos en el mapa, quizá en las droguerías del barrio del santuario, podríamos encontrar algo de información, o al menos un toque. Digité en la pantalla y aparecieron opciones de vía para 30, 45 y 150 segundos, digité 150 y troné los dedos para suspender la cabina. Me llevé un dedo a la sien con el ánimo de examinar opciones la pantalla, elegí el boletín oficial a bajo volumen, quería conversar con Cannabis, quizá él tendría alguna información que pudiese esclarecer el objetivo de la misión.
"No tengo idea, quisiera recordar si alguna vez he estado aquí, y no puedo" escuché de Cannabis, "es extraño, experimento un dejà vú constante" terminó de comentarme.
"Yo por el contrario, al olvidar he recordado, y sin embargo no sé qué hago aquí" le comuniqué a Cannabis. Nuestro diálogo mental me permitió escuchar claro la palabra referendum, le ordené al vehículo subir el volumen.


"La oficinas centrales del gobierno de la provincia de Guadalajara han acordado a las 09:00 horas del día de hoy convocar a un referendum con motivo de la permanencia de sus actuales autoridades, la información recabada por los chips de audio ha sido procesada por la memoria central estadounidense, los procesadores interpretaron que existe un descontento potencial. La fórmula será la siguiente: ¿Quiere usted que renovemos toda la planilla de autoridades?, usted deberá elegir entre las opciones Sí o No, de los recuadros amarillo y verde respectivamente, iniciará en 30 segundos y concluirá transcurridas 24 horas, el resultado se hará público a las seis horas posteriores en punto, para que usted pueda participar se abrirá el amplio espectro receptivo, larga vida a la provincia de Guadalajara les desea el gobierno central de los Estados Unidos Anexos y Provincias de América". Apareció en la pantalla otra cuenta regresiva, de las varias, la única en incremento me indicaba que teníamos varios segundos suspendidos a algunos metros del estacionamiento del santuario.
La pantalla se lleno de mensajes, aparecieron 120 peticiones de servicio en segundos, acordé 30 citas para las siguientes cuatro horas, todas de alta velocidad. El referendum impactó de inmediato en la vida cotidiana. Los mensajes seguían sumándose en la pantalla, la desmonté y la reduje al mínimo, me la coloqué con su muñequera en el brazo derecho, mientras un mensaje en el cilindro me advertía: "Tráfico pesado no salga del área marcada".
"Ya sabes Cannabis, sigue el camino amarillo" le dije pero no me entendió, a punto estuvo de salir del área delimitada cuando se lanzó a ladrarle a toda prisa a un proyectil que se acercaba justo sobre nosotros, paró en seco y se suspendió dando giros para después descender, Cannabis seguía ladrando aún cuando ya había bajado el pasaje y el taxi se alistaba a salir.

-¡Quieto, quieto!- le grité a Cannabis apenado con la mujer que entraban al área con nosotros.
"¿Qué pasa contigo?" le pregunté.
"Pensé que nos destruirían", fue la respuesta.
"Necesitas un buen toque" concluí.
Nos encaminamos al ascensor, esperábamos el dispositivo de suspensión cuando la mujer se dirigió a mí.


-¿Qué gusto tiene por ser diferente? ¿Por qué usa la muñequera en el lado derecho y no en el izquierdo? ¿Por qué usted prefiere un perro, cuando todos los taxistas prefieren las aves y casi nunca un gato?
-¿Me acusa de algo? Todo lo que charlamos va a la memoria, puede pedir que se grabe la escena si no confía en mí- reaccioné.
-No hermano, usted no me ha entendido- dijo y salió del ascensor antes que éste anunciará el tiempo de ocupación excesiva, con tráfico cargado contado al tercer segundo se activaban los sensores de registro singular y cargaban una multa. Escuché su "hermano" tan fraterno que entendí que estaba alterado, sopesé la necesidad de alcanzarla y ofrecerle una disculpa.
-Perdón, pero esto del referendum me ha puesto algo irritable.
-¿No ha hecho los bonos suficientes para ingresar a la burocracia? ¿Votará por el sí?
-Soy taxista, con mis bonos no puedo aplicar a la burocracia.

La última gran merma demográfica se había dado con la implantación del sistema de bonos por parte de los Estados Unidos, declarando a Guadalajara como su provincia. A partir de ese día todo fue público y cualquier tipo de circulante fue prohibido.


-Hoy puede ser mi día de suerte-, dijo y se tomó con los dedos la garganta -he tenido problemas con los taxis, muchos me cancelan las citas y otros en definitiva me niegan el servicio, todo está en los registros-, dijo para hacerme atractiva la propuesta. El chip de audio captaba todos los sonidos y enviaba la información a la memoria central que la interpretaba y la almacenaba en la base de datos correspondiente al código singular. -Hoy mismo tuve que mandar 50 mensajes para recibir una respuesta, ¿puede creerlo? hermano.
-¿A qué se dedica?- le pregunté. En la medida que los servicios personales se volvían importantes para el bienestar público los bonos se elevaban, nadie le negaba el servicio a un burócrata.
-Hago el aseo del santuario y en general veo por el buen mantenimiento de nuestro recinto espiritual, hermano-, comentó orgullosa. El servicio era de bonos bajos, pero ahora que se quejaba, la memoria central podría afectar los bonos de la cuenta comunal del gremio taxista apoyando en el pago del servicio a la intendente, así el bono se incrementaría, para después volver a su tasa natural, que en todo servicio abonaba el cliente.
-¿Es lo único que hace?
Todo estaba en la memoria, aunque el servicio fuese de bonos bajos, la persona podía ser de bonos altos, así se compensaban algunos abonos.
-Mi trabajo no es sólo mantener limpio el lugar, es también mantener el ambiente propicio para que los hermanos se reunan a convivir con nuestra madre, para que ella les brinde el alivio espiritual indispensable en estos tiempos, son sesiones hermosas ¿acaso no es usted guadalupano?
-Todos lo somos-, le contesté.
La pantalla acumulaba 300 mensajes, el tiempo se había terminado. La multa del ascensor ni con mucho se reflejarían en mis bonos, pero dejar de trabajar ante la inminente necesidad provocada por los acontecimientos bajaría mis bonos por los suelos.
-Me tengo que retirar, se disparó la demanda, si las cosas siguen así tendré que trabajar todo el día sólo para sostener mis bonos.
-No se irrite, mañana a esta hora todo volverá a la normalidad. Antes de que se vaya ¿le pido un favor? ¿podríamos usar nuestras pantallas?- me pidió con cierta timidez.
-Desde luego- afirmé con naturalidad.
-¿Para participar en el referendum?
-Usted no es diferente, es solamente rara- le dije y acerqué el cilindro, ella me mostró un pequeño cubo, ambos digitamos por el NO, al tiempo que un sensor recopilaba nuestra información básica de contacto.
-Espero que quiera usted ser mi taxista, si lo hace de manera desinteresada quizá suban sus bonos- me hizo notar con una sonrisa -larga vida a la provincia- se despidió.
-¿Sabe usted donde puedo conseguir algo de mariguana por aquí cerca?- le pregunté.
-Yo traigo un atado, lo puedo reponer en un par de horas- me comentó.

-Muchas gracias- le dije mientras recibía la envoltura plástica. Digité en su cubo el abono correspondiente. -Larga vida a la provincia- me despedí a su vez.
Regresé al vehículo, desde el ascensor había estado programando servicios, la sola elaboración de la bitácora elevó mis bonos personales, pero el servicio seguía a la baja, durante dos horas tuve que concentrar toda mi atención en programar el máximo de traslados en el mínimo de tiempo, después la demanda vino a la baja y el servicio se revaloró; aunque el trabajo siguió constante, la presión fue menor. Hasta entonces tuve la oportunidad de abrir la envoltura plástica y sacar un cigarrillo, lo prendí mientras ordenaba al vehículo que programara algo de música con cápsulas sobre actualidad, clima y tráfico vehicular. Faltaban tres horas para dar por terminado el día, así lo registraba la regresiva del cronómetro, cuando éste llegase a cero comenzaría oficialmente la noche y en toda la provincia la actividad de conjunto pararía, el gobierno provincial obligaba a todos sus habitantes a disociarse y restringía las reuniones nocturnas a lugares predestinados, sólo la fracción de la burocracia más encumbrada trabajaba de noche y los vehículos de seguridad pública.
Los mensajes recientes del tablero pedían servicios para el día siguiente. Sólo quedaba desahogar los pendientes, según cálculos cerraría el día con un incremento de un 10 por ciento en los bonos totales. Iba a comentarlo con Cannabis y me percaté que no estaba, llevé mis manos a la cabeza y el mensaje en la pantalla fue que no había sido detectado en ninguna parte del móvil. Lo había dejado en el estacionamiento según los registros del vehículo. Me vino a la mente la imagen de la hermana y aparecieron sus datos en la pantalla, le envié un mensaje y enseguida entró una grabación.
-Le espero a las 20:30 en la cena del santuario tiene lugar registrado, el perro se ha portado muy bien.
Ingresé el dato a la pantalla para cronometrarlo en reversa. Intenté entonces establecer comunicación con Cannabis, me concentré por completo, intenté visualizarlo en el atrio del santuario pero me fue imposible hacer contacto, empecé a sospechar que me rehuía, que tenía miedo del procesador de combustible.
Los procesadores se fabricaban cada vez más pequeños, la memoria central estadounidense llevaba la cuenta rigurosa de su producción y distribución. Al principio se recomendaba procesar al animal vivo, un avance en los precursores químicos permitió iniciar el proceso inmediatamente antes del inicio de la descomposición de la materia orgánica. Andar con un perro era una extravagancia, casi todos los taxistas preferían las aves por ser de fácil manutención e higiénicas, además existían varios laboratorios de clonación en distintos puntos de la provincia que las volvían accesibles. Después de la invasión estadounidense los pocos animales que se podían ver eran clonados, la producción de éstos también también era registrada de manera minuciosa en cuanto a cantidad y calidad por parte de la memoria central, y nadie, ni siquiera un taxista podía tener en su custodia más de un animal. Muy pocas personas tenían mascotas, resultaba poco atractivo que un ser vivo dependiese de ellas, ya que generaba y restaba bonos de manera impredecible en ella. Ya me tocaría bonificar bonificar a la hermana por los cuidados y atenciones para con mi perro.
Le restaban tres minutos al día oficial y atendí el último servicio. Encendí otro cigarrillo y programé el vehículo para que me llevara al estacionamiento del santuario, había otro un par de vehículos en la plancha. Esperé dentro del móvil alrededor de una hora, en tanto busqué sin éxito información sobre las clonaciones en taxis que había visto en el oficina de movilidad y tráfico central, tampoco encontré nada al respecto de rebeldes o insurrectos, me dispuse mejor a revisar los sistemas de la unidad móvil y activé el dispositivo automático de aseo.
Cuando en la pantalla la cuenta de la cita marcó el cero, la desmonté para colocármela en la canilla, salí del móvil y un androide me esperaba, me extendió la mano, con el saludo la máquina hizo su reconocimiento y me dio la bienvenida, me pidió que lo siguiese y se iluminó cuál linterna móvil, me acompañó hasta la salida el estacionamiento. De ahí el resplandor de la plaza iluminaba lo suficiente como para acercarse a la convivencia, me acerqué al jolgorio buscando a Cannabis entre la gente.

10.5.10

19


El viaje al olvido fue en tren, mi mirada perdida de fijo en el techo se nubló y la temperatura ambiente aumentó, escuché el ruido de marcha, un cíclico sonar de ejes y el chirrido de los rieles al contacto con las ruedas, la tierra comenzó a cimbrarse, yo temblaba sobre los durmientes que vibraban cada vez más, a medida que el tren aumentaba su velocidad. Vagones cargados de recuerdos pasaban por encima de mí. Comprendí entonces que debía mantenerme calmo y dominar el pánico. El calor se incrementó a un punto que comencé a sudar, la polvareda que se levantaba me impedía respirar, cerré mis ojos y concentré mis atenciones en el ruido, en los ciclos que se repetían cada ciertos vagones, mientras éstos no variaran yo podía sentirme tranquilo, nada diferente pasaría por encima de mí.
Así los vagones pasaban uno seguido de otro mientras yo hacía lo posible por mantener la calma, sabía que si me desesperaba y trataba de incorporarme o variar la forma en la que me hallaba recostado podía sufrir graves lesiones. Aún dominando el pánico podía ser víctima de arreos, fierros o cadenas que arrastrase el tren en su parte baja, el propio vagón de cola podría ser una maquina de arrastre, y entonces sí, sería imposible sobrevivir a su paso. Debía pues, aceptar impasible mi destino y su desenlace, lo que requería un esfuerzo extra de concentración y tolerancia. Cuando el ruido aminoró y los durmientes cimbraban menos, concentré mis percepciones en una especie de oración, se aproximaba el último eslabón de la cadena. Pasó la cola y los maderos sobre los que me encontraba recostado dejaron de vibrar, el polvo se disipó, palpé los rieles, estaban calientes. Había librado la experiencia sólo con algunos rasguños provocados por pequeñas piedras que me pegaron a gran velocidad venidas de las partes bajas de los vagones, así como de algunos fierros sueltos en los vagones más viejos. El ruido se había ido con el tren y dominaba ya el silencio. Mi cabeza trataba de organizar sus ideas mientras veía un punto en la lejanía, allá iban mis recuerdos.
Me sentía confundido, hice lo que mi intuición me había ordenado, sin embargo no había obtenido la respuesta esperada, al menos con palabras en mi mente. Aunque mi ánimo era distinto, si bien no tenía la respuesta, ya no me preocupaba por ella, estaba más preocupado por asearme, una vez que el tren me había pasado por encima quedé empolvado y lleno de grasa y hollín. Me incorporé del todo de entre las vías para seguir su ruta en el sentido contrario a la marcha del tren, el camino me llevó directo a mi habitación, entré al baño, necesitaba un buen regaderazo.
Ya en la ducha, al contacto del agua, mis pensamientos se despejaron del todo, me sorprendí de lo ligero que me sentía y tuve ganas de cantar.
No había tiempo para perder, después de aliñarme salí presuroso al salón principal, ahí le chiflé a Cannabis que salió de entre una cortina.
-¿Ya estás listo?- me preguntó.
-Espero que sí-, contesté.
Salimos de la guarida y mi sorpresa fue mayor, nunca había visto lo que tenía frente a mis ojos, sin embargo comprendía todo a la perfección, a diferencia de Cannabis que parecía extraviado y confundido.
-Esta misión me preocupa, ésta Guadalajara es rara-, comentó.
La calle era más diferente que en anteriores ocasiones, apenas se podían adivinar las vías de tráfico terrestre y no había casas o edificios, sino más bien túmulos para guarecerse, montones de tierra y piedra productos de la guerra. Aquella zona de la ciudad había sido arrasada después de que en ella se habían detectado focos de insurrección, todavía patrullaban algunas unidades con la consigna de erradicar cualquier signo de rebelión, una de esas unidades se acercó veloz al detectarnos, del megáfono de la nave salió la orden.
-Tírese al suelo con los brazos separados de su cuerpo o mandaremos la descarga a máximo nivel, de conformidad al acuerdo bilateral establecido el 16 de septiembre del 2125, cuatro, tres, dos...
Cannabis corrió a refugiarse tras un montículo cercano, yo obedecí al megáfono y una vez que me tendí en el suelo el vehículo se acercó, bajó de él un uniformado, me apuntó con un arma y disparó, escuché un ruido ensordecedor y un ligero cosquilleo por todo el cuerpo, estaba paralizado de los hombros hacía abajo.
-¿Qué haces caminado por aquí?- preguntó el oficial.
-Intento llegar a la subsecretaria de movilidad y tráfico del gobierno provincial, soy taxista y exijo ser tratado de conformidad al acuerdo unilateral norteamericano.
Bajó de la unidad el oficial a cargo, se acercó a mí cauteloso, con curiosidad y preocupación pasó el escáner por mi columna vertebral, al observar los resultados bajó de su vehículo un bote con pastillas y puso una debajo de mi lengua.
-Hasta aquí todo bien, te ofrecemos la disculpa de ley, sin embargo, si has encontrado el truco para engañar al escáner te has metido en un problema mayúsculo, nosotros te llevaremos a la secretaría-. Volvían las sensaciones a mis miembros y pude sentir cómo uno de los policías me ataba las muñecas con la cinta plástica, me levantó del suelo para ingresarme en el vehículo.
-No voy solo- les dije y llevaron sus manos a las armas aguzando sus sentidos -mi perro está detrás de aquellas piedras.
-¿Un perro?- preguntó sorprendido el policía que me maniató.
-Es mi reserva de combustible, una prueba más de que soy taxista, y por lo tanto importante para el gobierno, para la sociedad y para ti-, argüí con la misma prepotencia con que había sido tratado. Los policías se quedaron pensativos mientras yo llamaba a Cannabis a chiflidos, el perro salió a nuestro encuentro y subió a la unidad, le sujetaron las patas y el hocico con la misma cinta que a mí. Nos elevamos algunos metros en vertical para salir disparados con rumbo a las oficinas centrales de tráfico vehicular. Un par de minutos después nos encontrábamos en el cerro del Colli, en el hangar de la policía. Bajamos de la unidad, me separaron de Cannabis, yo fui llevado a un cubículos en forma de huevo, ahí el escaneo fue más intensivo, me colocaron una bolsa en la cabeza con cientos de pequeñas terminales eléctricas, los resultados fueron favorables, enseguida sacaron el láser para cortar mis ataduras.
-Pasará al interrogatorio de ley, ahí mismo puede tratar el asunto que lo traía aquí cuando fue interceptado, y recuerde que nuestra función es protegerle. Larga vida a nuestra hermosa provincia, gracias-. El policía a cargo se despedía con la fórmula habitual, la misma que aplicaban a todos los detenidos libres de sospechas. Se acercó entonces el especialista vestido de civil, el interrogador, le acompañé a un privado y antes de que comenzara su trabajo le pregunté por Cannabis.
-Está por aquí, una vez que comprobemos que, en efecto, el perro es de su propiedad se lo devolveremos, pero dígame ¿qué hacía usted caminando por una zona sin libre tránsito?
-Mi taxi fue detenido cerca del lugar por sospecha de clonación, tuve que pasar la noche en la duna más cercana y a primera hora del día me dirigí hacía acá, al no encontrar movilidad entré a la zona prohibida para recibir la ayuda de la policía, misma que obtuve y la cual agradezco.
-No son días en los que usted pueda conducirse de esa manera, sin embargo en virtud de que su objetivo es colaborar queda usted dispensado. Ahora dígame ¿quién pudo haber clonado su unidad?
-Supongo que la resistencia, aunque nunca he tenido tratos con ellos creo que su tecnología está tan avanzada que pudiera ser obra del algún pasajero.
-Eso es imposible-, replicó mi interlocutor.
-Por eso estoy aquí, porque creo que la provincia se enfrenta a nuevos retos, los rebeldes de nuevo se están volviendo peligrosos.
El interrogador me miró de fijo a los ojos, sorprendido, coincidía con mi punto de vista.
-¿Cómo sabe usted que nuestros enemigos han avanzado en cuanto a tecnología?
-No lo sé, lo imagino. Puede usted ver los resultados de mi escaneo, fui seleccionado de entre miles, he servido a la provincia desde que se independizó, y nunca, verifíquelo, nunca he dejado pasar un reporte ante la más mínima anomalía, soy un ejemplo para el gremio, y sin embargo aquí estoy, envuelto en un lío, quizá en un delito. Soy víctima de los insurrectos, he sido alejado de lo único que tengo, del motivo que le da objeto a mi vida, en el peor de los casos puedo salir de circulación, analícelo, verífique mi escaneo y verá cómo la resistencia ha golpeado a uno de los mejores elementos de la provincia, están tratando de mermarnos.
-Entonces, ¿la clonación fue hecha por la insurgencia?
-No lo sé de cierto.
El interrogador sopesó la situación y para terminar la entrevista me dijo:
-Está bien, todavía confiamos en los escaneos centrales, espero que tengas suerte- digitó en la pantalla y en segundos entraron al cubículo un par de androides, -sígalos, lo llevaran a su taxi. Recuerde que nuestra charla fue confidencial, que la rebelión está extinta y que la provincia gozará de larga vida, puede retirarse.
Los androides me encaminaron por un pasillo que iba a dar al hangar, ahí se encontraban varias decenas de taxis, así como algunos taxistas. Supe entonces que la rebelión había dado un golpe duro al gobierno de la provincia. Los androides me llevaron a una banca para después retirarse, no sin antes dejarme un pequeño papel con un número de expediente y la acostumbrada prohibición de hablar con nadie. A raíz de la declaratoria de anexión y posterior invasión de los Estados Unidos había sido necesaria la prohibición expresa de mantener charlas privadas, por ser taxista yo no cargaba el chip de audio. Escuché mi número y acudí a la ventanilla respectiva, ahí me atendió otro androide que con una jeringa me inoculó una sustancia, después me pidió que pasase a la estación doce, me dirigí al lugar, en él habían los dos vehículos, eran idénticos, estaba también otro taxista y un computador. La máquina nos explicó la dinámica. Debíamos reconocer al taxi verdadero del clonado y oprimir los botones azul o verde que tenía en la parte frontal el computador, cada una de las unidades tenía un pequeño distintivo con uno de los colores. El primero en elegir fue el otro taxista, escogió el azul, a su vez yo opté por el verde.
-El sistema de seguridad de la provincia de Guadalajara es infalible, hecho el análisis conducente y en virtud de las pruebas recabadas, consistentes en dos escaneos, un interrogatorio y el reconocimiento físico de la unidad en disputa, es dable concluir que la unidad con número 101110 es la única con permiso para continuar con su labor en favor de la provincia, sus instituciones y sus habitantes, condénese al infractor a purgar la pena para el ilícito en cuestión, que por acuerdo central del día de hoy a las 03:00 horas ha sido elevado a la categoría de alta traición a la provincia, sus instituciones y sus habitantes, por lo que se hace saber al sentenciado que será ejecutado en sesenta segundos, lapso durante el cual se levanta el mandamiento expreso de guardar silencio.
Mi contraparte me miró a los ojos, pude sentir su odio, y sonrió. Vi venir directo a nosotros a un androide y otra máquina, un cubo procesador de combustible, a diferencia de los instalados en los móviles, éste era gigantesco. Las máquinas, para sorpresa de mi colega, no venían conmigo, el sentenciado y ejecutado no sería yo. Él confundido intentó esquivar al androide, pero éste le cogió de la muñeca, el taxista gritaba asustado.
-¡Es un error! ¿qué haces, es un error?-, el odio en su mirada se había trocado en pánico, en terror, -¡No puede ser, he servido a la provincia!- sus gritos no hacían mella en las máquinas, el androide registró la renuencia y oprimió su muñeca hasta romper la articulación, el taxista cayó al suelo, gritaba de dolor, lloraba confundido, -no soy yo, es él- el androide alargó su brazo para coger la nuca del sentenciado, -maldito, maldito rebelde, tu deberías morir y no yo, yo soy un ciudadano de la provincia, el verdadero, tú, tú eres el sedicioso, están en un error, créanme por el amor de dios, traigan el escaner, ¡auxilio!, ¡auxilio!- gritaba atolondrado mientras la máquina le destrozaba la nuca con sus tenazas, -¡asesinos, asesinos!-, fue lo último que pudo decir y sólo paró de llorar hasta cuando sus cervicales crujieron hechas añicos por completo, el androide lo levantó del suelo encogiendo su brazo, abrió una portezuela del cubo y ahí depositó el cuerpo desmadejado, exánime, activó entonces el dispositivo que puso a trabajar al procesador de combustible.
-Para hacer entrega de su unidad es necesario que inserte su mano derecha en la ranura-, oí decir al computador, así lo hice y sentí un pinchazo, -espere a que el androide cargue el combustible después ingresé su código singular y podrá marcharse, gracias de nuevo por colaborar, larga vida a la provincia de Guadalajara.
-Larga vida- secundé por obligación cívica.
Un par de minutos fueron suficientes para procesar a mi colega y contraparte, el combustible orgánico derivado de humanos era de pésima calidad, pero el programa para la eficiencia y administración de recursos enérgeticos había sido implantado de forma obligatoria. El androide y su cubo se retiraron una vez terminada la tarea. Estaba por subir al vehículo y me pregunté cuál sería el código singular. Pensé que todo se vendría abajo en instantes, di una vuelta alrededor de la unidad para hacer tiempo, con la esperanza de que una luz me iluminase, a la espera de escuchar la voz que me dijese el código y dónde insertarlo. Pero la voz que escuché fue la del computador.
-Está usted en un área restringida, tiene quince segundos para abordar su vehículo y diez más para salir, en caso contrario será sometido y reducido según el decreto de hangares y la ley de administración de recursos energéticos vigentes para la provincia de Guadalajara, catorce, trece...-.
Apurado y sin pensar me acerqué a la portezuela, lisa por completo con excepción de una pestaña en la parte baja por donde deslice mis dedos, sentí un ligero calambre y la puerta se corrió hacia arriba, de un salto me tuve adentro, observé el tablero y vi los guantes, me los coloqué y oprimí los puños, el taxi se activó y me elevé un par de metros para dirigirme al estacionamiento público. Había corrido con suerte, estaba vivo.
Aparqué la unidad cerca de las oficinas administrativas, no sin antes congratularme de mi destreza para conducir aquella nave. Entré a la edificación y busqué el área de valores, ahí atendía una mujer.
-Vengo por mi perro- le dije al tiempo que le mostraba mi número de expediente, ella cotejó el dato en un pantalla, digitó sobre ella para después pedirme que esperara en una banca a pocos metros. La espera se prolongó por casi media hora, pregunté entonces el porqué de la demora.
-Su caso ha llegado a los niveles más altos, me dijo, las oficinas centrales están decidiendo si es o no un exceso el que usted tenga un perro, más ahora que recién le han cargado combustible, pero permítame- miró la pantalla y frunció el ceño, -me está llegando la resolución de su conflicto, se ha decidido que en virtud de su civismo y lealtad para con la provincia será recompensado con la devolución de su animal- me extendió entonces un pequeño papel con el número de la resolución, sellado con su huella digital, -siga la línea blanca marcada en el piso y que pase usted un buen día, larga vida a la provincia, gracias.
Me encaminé entonces siguiendo la línea, rumbo al deposito de valores, estaba cerca, una mezcla de olores fétidos me indicaban que Cannabis no estaba solo. La línea me llevó a un androide en el que deposité el papel que me había dado la burócrata, lo inserté en la cabeza del androide. La máquina envió una señal y pronto se deslizó una puerta por donde salió la jaula con rodajas donde se encontraba Cannabis. Brincó de gusto al verme he hizo sus acostumbradas cabriolas.
-Larga vida a la provincia- dijo el androide dando por terminando el trámite.
-Larga vida a la provincia- repetí, sabía que los androides grababan todas sus interacciones con humanos para retransmitirlas, no repetir la frase era motivo de infracción.
Salimos rápido, Cannabis más que yo, estaba asustado. Llegamos al estacionamiento y subimos al taxi.
-Esta misión es peligrosa-, dijo preocupado Cannabis.
-Lo mejor será aplicarnos rápido para cumplirla-, le comenté.
-¿Qué haremos?
-Busquemos a los líderes de la revuelta presiento que de no haber sido por ellos ahora estaría muerto, y tú serías combustible de reserva para el móvil de algún burócrata tapatío.
Nos elevamos quince metros, la altura máxima permitida, interactúe con la máquina con la finalidad de que nos llevase al centro de Guadalajara.

31.3.10

18


El anciano de la pensión me identificó como el taxista y abrió una puerta inserta en el portón, nos pasó adentro con urgencia y puso cara de preocupación.
-Lánzate compa, en caliente, Satanás te anda buscando-, dijo y me señaló el taxi -aquí no pagamos daños y por la noche que durmió el muñeco va a ser tanto como la cantidad de...- el taxi tenía el parabrisas y el medallón estrellados, la pintura dañada por rayones en el azul y el amarillo, no tenía retrovisores. -Si quieres cobrarle me dijo que lo esperaras, pero mejor lánzate compa, Satanás nació en San Juan de Dios, es de aquí del barrio, y bueno, él sólo te pone tu chinga, pero no va a venir sólo, le gusta lucirse. Yo por eso mejor te recomiendo que te lances.
Pagué y el anciano se fue a abrir el portón, no lo había hecho por completo cuando yo ya estaba afuera, sabía que lo del luchador era bravata, salí acelerado por la molestia que me causó ver el vehículo dañado, no porque quisiera huir.
"Ves Cannabis, una prueba más de que fue una misión", le dije convencido.
"Pudiera ser, pero no creo" me respondió desenfadado.
Aceleré a fondo para salir de la zona mientras pensaba que tendría que reparar el carro por mi propia cuenta. Seguí directo por la calle de Medrano, a la altura de la 54 no me decidía todavía si llevarlo a un taller o aplicar mis oficios en él.
"No será necesario" escuché a Cannabis "¿ves ese agente de tránsito?". A mi izquierda un oficial me hacía la seña, ordenaba que me detuviese. "No te pongas impertinente", remató.
-Buenos días, le voy a pedir por favor su licencia y tarjeta. No puede circular con ese daño en el parabrisas- señaló mientras recibía los documentos.
-Buenos días oficial, sí, fíjese que así me lo acaban de entregar de la pensión, dizque que no supieron quién diablos me hizo este favorcito-, argumenté haciendo notar mi molestia y volví al tono cortés, -écheme la mano, ayúdeme, empecé mal el día.
-Sí pues, ¿pero cómo quiere que le ayude?
-Pues, déme chanza. Todavía no empiezo a trabajar y ya tengo que pagar los cristales, y luego voy a perder medio día en la reparación, aliviáneme oficial.
-Ya le dije que sí, sí le ayudo, pero ¿cómo?
-Écheme la mano con una peseta, ya ve, uno anda en la ruleta y sabe cuáles son las reglas, pero hay veces, como hoy, que no es que uno quiera fallar, sino que no se puede de otra manera, andamos en la ruleta, una peseta está bien- terminé suplicando.
-Mire, lo que procede es levantar el folio y recoger la licencia, así como dice solo puedo ayudarle sin llevarme documentos, pero le dejo el folio. Piénselo un poco más, mientras voy a la moto, porque yo soy de moto, no de crucero-, dijo y fue a la Harley para darme tiempo de mejorar la oferta, aprovechó para cotejar los documentos vía radio de onda corta.
Había quedado claro, tendría que ofrecerle el doble, no habían valido las súplicas. Saqué un billete y lo doblé en dos mitades, cuando se acercó le dije:
-Fíjese que tiene usted razón oficial, pero es como le digo, he tenido un mal día. Entonces, ¿cómo le hacemos?- le pregunté mientras le mostraba la palma de mi mano derecha, donde se veía claro el color del billetito.
-Eso me hubiera dicho antes, ahora ya no le vamos a hacer de ninguna manera-, me dijo con gran serenidad, para después informarme:
-Me voy a llevar detenido el carro.
-¿Cómo? ¿por qué?- le pregunté sorprendido.
-Hay un problema con el vehículo, en nuestros archivos aparece que tenemos un vehículo en el corralón con la misma matrícula, la misma tarjeta y el mismo registro vehicular, dos taxis con los mismos documentos, espéreme...-, lo interrumpió una comunicación por radio, intercambió algunas claves con su interlocutor y continúo conmigo, -Les estoy pidiendo que chequen bien para no detener su carro por error.
Según el agente de tránsito el caso era atípico, el primero que le tocaba ver. Se le notaba contrariado, con aires de preocupación intercambiaba por radio datos en clave, hasta que resignado dejó de mostrar sorpresa. Cannabis y yo habíamos bajado del carro y también estábamos un tanto preocupados, el agente se acercó para comunicarnos la situación.
-Va a tener que ir el propietario al departamento de tránsito y vialidad, con todos los documentos que tenga del carro y su permiso de taxi, necesitamos saber a cuál de los dos carros corresponde en realidad la información que tenemos en nuestros archivos. Me voy a tener que llevar detenido el vehículo, ahora sí que no le puedo ayudar con nada-, dijo esto último con cierta pena.
Llegó la grúa y cargó con el carro, firmé el inventario que en mi presencia había elaborado el operador de la grúa, y me despedí de mi Dart 77 con la misma nostalgia con que lo había recibido, supuse que lo recuperaría pero que ya no sería el mismo, los cristales estrellados lo volvían presa fácil de los depredadores de corralón, trataba de imaginarlo desvalijado para hacerme a la idea. Partieron en comitiva, el agente, la grúa y el taxi.
Nos tocó andar a pie una vez más, lo decidimos así, estábamos cerca de casa. Llegados a ella yo me tumbé en el sofá, Cannabis saco la pipa y prendió. Mi endeble tolerancia al hachís me advirtió que fumase el doble de lo acostumbrado, cargamos tres pipas y apagada la última, Cannabis se fue a enterrarla a un patio, yo me quedé forjando seis flavios para una fumada de sobremesa.
"Te vas a poner muy loco" escuché decir a Cannabis, terminaba de enterrar su pipa al pie de un limonero.
"Necesito olvidar, tengo que olvidar todo. No recuerdo dónde guardé los documentos", le comenté, venía al salón principal por un pasillo haciendo equilibrios con una jarra de agua de alfalfa entre el morro y el hocico.
-¿Qué tanto hay de verdad en lo que nos comentaron los perros del jardín?-, le pregunté a Cannabis, lo tenía frente a mi, cogí la jarra para ponerla en el suelo, de ahí bebimos los dos.
-La misma que hay en todas partes, quizá menos que en la mentira franca, pero estimo que es la verdad de todos los días.
-¿Por qué el perro que dejó el grupo dijo que el lo sabía todo?
-Es una señal.
-¿De verdad sabe todo al respecto de todo?
-Es posible, pero no te preocupes por él, él es sólo una señal, una señal solo importa si se repite, por ahora es secundario, lo preocupante de verdad es lo que nos dijeron los que llegaron después. Necesitamos todos los documentos del taxi y quizá también los tuyos, recuperar el vehículo será una auténtica travesía, te lo aseguro.
Había dejado el sofá y estaba ahora en el suelo, tirado boca arriba con la mirada perdida en el techo. Cannabis me acompañaba tendido a un lado mio, matando las bachas. Prendí otro toque.
Debía olvidarlo todo. Los perros en el jardín habían sido muy claros en su advertencia para con nosotros, con el carro en el corralón en una situación de incertidumbre y sin los documentos en la mano, los perros me ladraban al oído con más claridad.
"Tengan cuidado con el gobierno", habían dicho.
Una verdad de todos los días.
Debía olvidarlo todo. Mi intuición me lo ordenaba. Sólo así podría recordar lo necesario.

22.3.10

17


La noche en la cárcel fue sin mayor jaleo. Me ingresaron a una celda donde apenas y pude caminar entre los tirados en el suelo, que dormían la espera del cambio de Juez para pagar su multa, los sentados en la barra de concreto que unida con la pared hacía las veces de banca, y los sentados en el suelo que ocasionalmente estiraban las piernas, pasé al único lugar donde cupe, una esquina donde pude tenerme en cuclillas como jugador de béisbol.
En poco tiempo se hizo media noche y con ello el cambio de guardia, llamaron a la mayoría y en minutos la celda se desalojó. De dieciocho quedamos ocho. Pasó otro breve lapso y llamaron a cinco más, entre ellos al que más espacio ocupaba y dormía con mayor comodidad, en su momento el jefe de la celda. Quedamos tres, un joven menor de edad intoxicado por los inhalables y un borrachín dormido que al sentirse solo comenzó a roncar más fuerte, ninguno de los dos traía dinero para pagar la multa, a mí me llamaron en la madrugada pero no respondí estaba concentrado en cosas más importantes.
Una vez que estuve ubicado en mi esquina, de la que no me moví en toda la noche, intenté contactar con Cannabis, pero cualquier intento era coartado por el ambiente. Las garras de la necesidad me tenían atrapado, no me sentía preso en la celda, me sentía preso de los ánimos de los ahí reunidos, todos hablaban al mismo tiempo, todos urgidos de contar su historia, hasta los dormidos. Voces de allá y acá que formaban una maraña, una red de ruido que impedía concentrar mis percepciones. Conforme fueron saliendo los infractores mi pecho se alivió. De los dos que quedaron, la voz del joven intoxicado era apenas audible como un breve aliento. La voz del borracho contaba la historia de un mecánico, cuando la terminó de inmediato me preguntó:
"¿Y tú, por qué estás aquí?"
"Por lo mismo que tú", contesté para salir al paso, no pensé que me escuchase. Enseguida comenzó a repetir su historia de forma idéntica en palabras, pausas y entonaciones. Cuando terminó preguntó una vez más:
"¿Y tú, por qué estás aquí?"
"Me agarraron orinando en la calle", varié mi respuesta y enseguida pasó a contarme la historia de una persona por él conocida que había sido cogida en similares circunstancias, fue un poco más extensa que la suya propia, cuando terminó insistió:
"¿Y tú, por qué estás aquí?"
-Por que he cumplido una misión- le contesté y la voz del borracho cesó, aunque no dejó de roncar.
El ambiente fue entonces propicio para canalizar mis percepciones hacia Cannabis pero se presentaron un par de eventos que me distrajeron del objetivo.
En un intento cercano de comunicarme con mi perro percibí que rondaba por el Hospital Civil y en cuanto iba a ingresar en su pensamiento, volvió la voz del borracho.
"Charles Atlas eres el más grande. Eres físico-culturista y mago", en coordinación a la voz, como si fuera una orden, el joven intoxicado se quitó los zapatos y después los calcetines. "Gradúas tus pesas con la mente, pesas imaginarias que hacen crecer músculos reales", hubiese podido prescindir de aquella charla para continuar mis intentos de comunicarme con Cannabis pero el joven ató los calcetines entre sí, se amarró éstos al cuello y dejó una punta que anudó en el barrote más alto a su alcance. "Creador de la nada, de la nada creada, de la mente y de la energía, de la imaginación y el esfuerzo, Charles Atlas eres el más grande". El joven se daba tirones aflojando las rodillas y dejándose caer cada vez con más fuerza pero no perdía el conocimiento ni se lastimaba de muerte. "Charles Atlas tú eres el verdadero, entre tus brazos veo el mundo, esa pesa, ese esfuerce, y en medio nuestro mundo, nuestra realidad, una pesada nada que tú sostienes".
El joven había cejado en su intento de ahorcarse pero sus impulsos lo habían dispuesto de manera que quedó retorcido y no se podía desatorar, percibí entonces que la voz que escuchaba de él desde un principio era el mismo jadeo que nacía ahora de lastimarse la garganta. Pasó una ronda de policías que miraron el cuadro extrañados, se burlaron a carcajadas del muchacho y después de verlo batallar un rato uno sacó de su fornitura una navaja y cortó el calcetín, el joven cayó como tabla y sin levantarse se arrastró un poco, se acurrucó tipo feto y no volvió a moverse en toda la noche, su voz se volvió un tenue pero continuo "om" de vibración agradable que hizo cesar la voz del borracho "Charles Atlas tengo tu póster en mi taller" fue lo último que le oí decir.
Una vez más se dieron las condiciones y no dejé pasar la oportunidad, centré mi concentración en Cannabis, me imbuí en un profundo trance del que no pudo sacarme el policía que me nombró con derecho a pagar multa, ni aún los que recién llegaban a llenar de nuevo la celda, sus voces se escuchaban cercanas pero yo ya estaba alejado.
Entre om, ronquidos y otras voces percibí a Cannabis, vagaba por la avenida Alcalde, del paso cansino pasaba al tranco, y a veces a la franca carrera. Era esa avenida Alcalde en la que de madrugada reinaban las luces de las lamparas de alumbrado y el silencio, sin transeúntes y sin tráfico vehícular, acaso algún compañero taxista recorriéndola en su paso a los lugares de vida nocturna que el centro de Guadalajara no tenía.
"¿A dónde vas Cannabis?", le pregunté.
"Mi olfato intuye que habrá una reunión importante en el jardín de San Francisco, no te pierdas, acompáñame" me sugirió. Sin más preguntas le seguí por toda Alcalde y aproveché para intentar percibir por medio de él. Ya antes había podido ver con sus ojos, dejaría el olfato para después, me concentré entonces en el oído. Cannabis igual que yo, tenía un amplio umbral de percepción auditiva que regulaba a discreción, quise variarlo a gusto propio pero me fue imposible, Cannabis rió.
"Cuando estés en mi casa escucharás la radio donde yo la sintonice", me dijo y amplió la recepción modulando las frecuencias, escuché entonces diversas series ensambladas de agudos y bajos en forma rítmica, era el sonido del viento en comunión con los pasos del perro, quedó esta modulación como sonido de fondo sobre el que contrastaba el llamado lejano venido del jardín, un silbido agudo como un punzón que rasgaba el fondo y que a su vez terminaba oscilando en los graves como si lamiera la herida hecha en el viento. Una vez que me integré en vista y oído quise pasar al tacto, pero Cannabis estaba ya a metros del jardín, cerca de varios perros y me concentré mejor en tratar de descifrar el aquelarre.
Cannabis se detuvo cauteloso y se fue acercando tanto como los reunidos se lo aprobaron. Muchos perros rondaban pero solo un grupo compacto se olfateaba entre sí, ocho perros, contado Cannabis. Uno de ellos se encaminó a vagar errático por los prados del jardín los demás le siguieron e igual que él, después de orinar en los árboles, se dirigieron al punto más oscuro que pudieron encontrar en el jardín, ahí se echaron en círculo. Uno de los perros gruñó durante un rato, Cannabis ladró un poco en tanto otro se retiraba y dos más se unían al grupo. Los últimos en llegar jadeaban como si tuvieran calor, uno de ellos ladró varias veces, Cannabis aulló por lo bajo. Los intercambios siguieron así hasta que un perro se levantó y enseguida todos con él, salieron del jardín en grupo para después disgregarse en tercios por rumbos distintos. Cannabis siguió al que tomó rumbo a San Juan de Dios y se quedó solo, sus compañeros se quedaron uno en el quicio de un hotel de paso en la calzada Independencia, otro a las puertas de una taquería cerrada más delante. Cannabis siguió por la misma avenida, por el parque Morelos me preguntó:
"¿Entendiste el mensaje?"
Cruzó la calle con cuidado, ya se movían los primeros vehículos, recorrió algunas cuadras más y se paró frente a una escalera, escogió el rincón entre el piso y los peldaños para echarse. Cerró sus ojos y escuché mi nombre.
De regreso en la celda me percaté que de nuevo estaba hasta el tope.
-¿Te quedaste dormido, o no traes para la multa?-, me preguntó un policía del otro lado de los barrotes, tarde un poco en contestar.
-Sí, no, sí- dije mientras dejaba mi postura en cuclillas y me dirigí a la reja. El policía entendió lo mío como modorra y se fue a preparar mi boleta.
Pagué la multa y me regresaron las cintas de mis zapatos y el fajo para el pantalón, había entrado por la puerta trasera como infractor salía ya por la puerta frontal como cualquier ciudadano, bajé la escalera cogido del pasamanos, el último peldaño lo salvé con un brinco.
-Vamos Cannabis, tenemos que ir por el taxi- le dije, él salió de entre la escalera y me saludó con un ladrido. Nos encaminamos a paso lento de regreso hacía la arena con la intención de que el amanecer se volviese mañana. Todavía era temprano y no quería despertar al velador de la pensión.

18.2.10

16

Nunca había estado en una función de lucha libre, lo comprobé apenas entrando a la arena. El júbilo y la efervescencia reververaban entre el fétido olor a rancio recién lavado. La algarabía y el estruendo sin mesura me contagiaron al grado de que al llegar a la puerta del vestidor, caminaba, casi corría, gritando y con los puños en alto. Pero una vez que entramos, un denso silencio permeó todo el ambiente. Sentí en el pecho una profunda opresión producida por las densas cargas íntimas que saturaban el aire. Es aquí donde Cannabis no alcanza a ver, ese momento fue el culmen para mí y en definitiva supe que estaba en una misión, mientras Cannabis hacía migas con los masajistas (los tenía sorprendidos con su atingencia para acercar las toallas) que trabajaban en Monstruo y Escorpión, yo estaba contrariado, el callado vacío del vestidor hacía la inversa de caja de resonancia en el centro del jolgorio, así, mientras Cannabis chacoteaba, yo me preguntaba una vez más qué estaba haciendo ahí en ese momento, íntimo, sagrado. Al no encontrar una respuesta valedera estuve por llamar a Cannabis para retirarnos, fue entonces que sentí su mano en mi hombro.
-No hay poder mayor que el que yace en la bondad, en el amor. Ni miedo más grave que el que anida el odio y la ignorancia. Ten fe en que el bien prevalecerá y no temas por mi vida, que esta noche no he de morir, pero, si algo sale mal, lleva mi cadáver al aeropuerto, ¿de acuerdo?
-¿puedo hacer algo más por usted?
-Apóyame con todos tus sentidos, impúlsame con todo el fervor, corea mi nombre y reza por que en el momento indicado pueda responder con agilidad y lucidez al ataque alevoso que pudiese acabar con mi existencia. Sólo eso.
Yo asentí y Dragón se apartó para recibir su masaje, Monstruo se acercó para darme unas toallas que me tercié y una cubeta, donde eché a Cannabis.
Salimos en grupo y a paso veloz, apenas en los pasillos la arena rugió en un estruendo encontrado entre admiradores y detractores, Dragón tenía detractores aun entre los técnicos, los otros dos eran poco menos que adorados, con nuestra salida se completó el cartel, los rudos ya estaban en acción, casi al llegar al cuadrilátero un luchador me asestó un cate en el cuello y me mandó al suelo, advertidos Dragón, Monstruo y Escorpión repelieron el ataque con una melé de amenazas, los rudos se replegaron a su esquina mientras los técnicos subieron al encordado. Yo me había quedado tendido en el suelo entre un mar de piernas, Cannabis, que no había sido cogido por sorpresa, saltó de la cubeta tirándose una maroma doble para caer en el regazo de una señora gorda y luego refugiarse bajo una butaca. Disuelta la confusión se acercó a mi un tipo risueño que ayudó a incorporarme y me pidió lo siguiera hasta una butaca en la cuarta fila en la hilera del pasillo.
-Mete el perro al bote otra vez y tápalo con la toalla, para que no haya problema-, me dijo y se retiró.
En el centro del ring el réferi pasaba revista a los luchadores al tiempo que el anunciador micrófono en mano presentaba:
-¡Lucharaáán a dooos de treees caííídaaas, sin lííímiiiteee de tiempooooo! Por la supremacía absoluta de los bandos en la lucha libre, en esta esquina, ciudadano del mundo, pieza clave en el bando rudo, malévolo y entregado a los vicios, todo un atleta de la perversión avocado a la maldad, el temible...¡Ssaataaanááas teerceeeroo! Lo acompaña un ser ruin y desquiciado, de convicciones criminales y naturaleza despiadada, odiado y respetado, el superpoderoso... ¡Caaapitaliiista Saaalvaajeeee!, completa y comanda el trío un ser frío de conducta insospechada y sanguinaria crueldad, una mente superior decantada por la senda del mal y la destrucción... ¡Ssssikiiissss Eeeekiissss!-, el del micrófono abrió un espacio para dejar que la arena rugiese y volvió al tema. -En la otra esquina, por el bando científico, un par de peleadores que es preciso nombrarlos juntos, aunque cada uno sea leyenda por méritos propios, espejo y reflejo, más que un par, son un sólo equipo, un dueto que ha conquistado los encordados mundiales, paladines incasables y feroces defensores del bien y la justicia, orgullo de la nación y sin comparación en todo el mundo, venido del sabio desierto de Sonora... ¡Mooossstruuuoo! Y de las benditas tierras de Campeche... ¡Eessscooorpiooóón!-. La arena irrumpió en un colosal estruendo, eran los locales y se hacía sentir en la arena. -Encabeza la tercia un auténtico guerrero prácticamente invencible, un luchador que no es de este mundo, venido de tierras lejanas y con una misión por cumplir, salido de un prematuro retiro para encarar este importante compromiso, el único, el más grande campeón mundial de los pesados..... ¡Draaaagooóón deee Komoooodooo!-, una vez más la arena entera rugió entre manifestaciones de adoración y repudio.
El griterío cesó en una especie de descanso colectivo, se escuchó entonces el golpe seco del martillo en la campana. Mientras los luchadores presentaban los escarceos del inicio de la contienda, concentré mis percepciones con el afán de comprender la real trascendencia del suceso, la energía que irradiaba la arena contagiaba el ánimo hasta afuera de los muros, ahí dentro la experiencia se tornaba envolvente, te obligaba a ser parte del fenómeno, tomar tu pequeña barcaza en esa mar de confusión, y desde el desierto individual de la pasión colectiva erguirte firme y decretar tus filias y fobias. Como Dragón me había pedido, mis intensiones, mi apoyo, en resumen, mis gritos, habían sido para su causa en consonancia con la gran mayoría de los ahí presentes. En tanto se desarrollaba la primera caída, mi excitación (y la todos los simpatizantes de los técnicos) se incrementaba, movida por la preocupación, la congoja y la angustia.
El primer episodio se lo habían llevado los rudos, de principio a fin. Al finalizar el round los tres luchadores técnicos se encontraban dispersos en distintos puntos de la arena, yacían tirados en el suelo, alguno bajo las butacas, al parecer sin el menor atisbo de posibilidades de recomponerse. El bando rudo tenía numerosos seguidores que complacidos con lo mostrado, se burlaban a gritos de sus vecinos y hacían escarnio de la situación de los luchadores.
La lamentable situación de los técnicos se prolongaba a los espectadores, que necios a reconocer los hechos evidentes renegaban de la realidad en el afán irracional de hacer valer su causa a toda costa, esa barbarie instintiva se veía alimentada en el fondo por una pequeña esperanza, una pizca de fe nacida de la inocencia, esa era la gran diferencia entre buenos y malos, entre rudos y técnicos. Experimenté el bello deseo de la gente de correr descalza tras sus buenos objetivos, me dispuse entonces a colaborar. Cannabis me comenta que ese es mi error, que no hubo ninguna misión, que debí seguir disfrutando, como todo el mundo, de la pelea, no concibe que yo no me hubiese percatado que también el público actuaba, que la representación no la hacían sólo los luchadores. Desde luego no estoy de acuerdo, porque precisamente en el ente colectivo fue que percibí de forma nítida la transparencia en el ánimo, la inocencia turbada, una ingenuidad que no debía quedarse truncada por el bien de la propia inocencia. Sonó la campana, continuó la segunda caída.
Los técnicos no habían mostrado nada mientras que el Capitalista y Satanás evidenciaban fuerza y destreza en algunas complicadas llaves y Psiquis X era un fenómeno volador. Dragón agrupó a su compañeros para contrarrestar los embates y retó en el centro del ring al capitán de sus oponentes que se resistía a hacerle frente, al verse dueño del escenario por primera vez, Dragón aprovechó para inhalar profundo y concentrar sus energías, parecía regurgitar cuando salió de su boca una crujiente flama con olor a cebolla y torta ahogada, que dejó atónita a la concurrencia un segundo, para enseguida estallar de nuevo con fe renacida, este nuevo impulso duró poco, pues Satanás y Capitalista Salvaje empezaron a tundir de nuevo a Dragón, que parecía no saber defenderse, mientras Psiquis mantenía a raya al dueto "gemelo" en base a topes y patadas voladoras.
Por la mitad de episodio el grueso del público silbaba e imprecaba a los científicos, Monstruo y Escorpión eran tratados como muñecos de trapo, los lanzaban de la tercera cuerda para recogerlos bajo del ring, subirlos y volverlos a lanzar, Dragón en el centro del cuadrilátero no hacía más que recibir castigo alternado, el referí hacía las veces de moderador, pero estaba lejos de controlar los eventos. Cuando parecía decidirse el final, un golpe de suerte favoreció a Escorpión, Satanás lo traía entre manotazo y patada recorriendo el rededor del cuadrilátero cuando por descuido Satanás le propinó un fuerte pisotón a una señora que gritó del dolor, muy apenado Satanás le ofreció sentidas disculpas, pero la señora en medio del reclamo y el dolor imprecaba a Satanás con odio verdadero, fue entonces que Escorpión pudo atacar a su rival y reducirlo para ir en apoyo de su gemelo, en seguida pasaron unos paramédicos que se llevaron a la señora en camilla.
De nuevo los técnicos cobraron brío, Monstruo se libró del castigo del Capitalista y ambos subieron al cuadrilátero a combatir a Psiquis, que tenía sometido a Dragón, éste en cuanto pudo rodó a su esquina. Yo hubiera querido que el castigo se prolongase, que recibieran igual los rudos ahora que estaban dominados, pero Monstruo y Escorpión fueron sumamente eficientes en cuanto a reducir a Psiquis X, en perfecta combinación se turnaban para castigarlo, mientras el réferi trataba de impedirlo. Dragón se las arreglaba para mantener a raya a los otros dos rudos a fuerza de intercambiar agresiones, hasta un momento en que dejó de presentar batalla y con agilidad insospechada subió al cuadrilátero de un brinco, luego trepó entre las cuerdas por un poste, irguió sus casi 200 kilos en lo alto para lanzar un rugido, otra llamarada y proyectarse al centro del ring para caer sobre Psiquis. Monstruo y Escorpión a su vez volaron fuera del ring, sobre sendos rivales. El mundo parecía aliviado, la presión se destapó, el momento valía el boleto, las rechiflas de segundos antes volvían a ser profesiones de adhesión intensa y cariño. El referí contó las espaldas planas de Psiquis decretando que había quedado fuera de combate. Dragón se incorporó maltrecho y se declaró triunfador.
El repentino empate le dio un nuevo ritmo a la lucha. El lapso entre episodios permitió a los rudos recomponerse tanto como a los técnicos. Los grupos estaban en sus respectivas esquinas. Cannabis no había estado ajeno a las acciones se revoloteaba inquieto dentro de la cubeta, reprimió las ganas de ladrar de gusto cuando los técnicos se llevaban las segunda caída, lo prefería así que deprimido.
Al iniciar el tercer round para mí todo era incertidumbre, la rápida voltereta no me tenía convencido. Recapacité, entendí que mis percepciones eran más útiles a nivel individual que fundidas con las de los demás. En ese momento me bajé del carrusel, me aparté. No podía seguir sintiendo con la corriente, individualicé en extremo mis emociones y con sabia ecuanimidad observé los hechos.
Satanás brincó al centro afrentando a sus antagonistas, Monstruo aceptó el duelo, que se mostró equilibrado hasta que Capitalista entró en acción y entre los dos castigaron al técnico, Dragón empujó a escorpión, pero él se resistió a salir, y lo retó a que saliera él, Dragón se molestó pues su compañero hacía público el reto y lo dejaba mal parado. Mientras los técnicos discutían entre ellos, Psiquis se agregó para golpear también a Monstruo. Escorpión no pudo tolerar más y salió en apoyo de su gemelo, Satanás lo recibió con un candado que Capitalista Salvaje volvió rana, Psiquis X se divertía repartiendo igual patadas y topes a Escorpión que a Monstruo. La gente se desesperaba, le exigían a Dragón su pronta intervención, Dragón se tomó su tiempo, se hincó y cerró sus ojos, con mucha calma y precaución subió a la tercera cuerda, y desde ahí, imponente, una vez más saltó en una maroma para caer parado lanzando una llamarada y un rugido desde su boca, el público también rugió.
Fue Psiquis quien controló la situación, encaró a Dragón rondándolo y después de un pase de manos francés le picó los ojos, Satanás y Capitalista hicieron gala de nuevo de coordinación al someter con un par de llaves al peso pesado. Monstruo volvió a su esquina y Escorpión quedo envuelto con Dragón en el vendaval rudo, yo en definitiva di por perdida la causa, estaba decepcionado.
Cannabis por el contrario estaba contento y se quería salir de la cubeta, más cuando las acciones se acercaron a nosotros. Psiquis había lanzado a Escorpión por la tercera cuerda y a su vez se había lanzado él mismo, como resultado del encontronazo rodaron a pocos pasos de nosotros, ambos maltrechos. Dragón aprovechó la oportunidad y atacó a Psiquis, a su vez Satanás y Capitalista se fueron directo a castigar a Escorpión. Aquí la pelea pareció equilibrarse, pero Monstruo reclamó a Dragón que atacara con saña a Psiquis, cuando debía evitar el castigo a Escorpión (que seguía recibiendo cates), Dragón no hizo caso de su compañero y siguió tundiendo a Psiquis (por primera vez en toda la función). Monstruo muy molesto propinó un golpe a Dragón, pronto Satanás III apoyó a Monstruo y entre los dos golpeaban a Dragón, se les unió Capitalista Salvaje, Psiquis X y Escorpión habían quedado tirados, vapuleados.
Como Dragón lo había predicho, la traición se había cernido, ahora Monstruo lo golpeaba inclemente mientras Satanás y Salvaje lo sometían con sendas llaves. La confusión tenía al público contento pero no le permitía captar lo que en realidad estaba sucediendo, por el contrario yo de inmediato me percaté del brillo en la mirada de Monstruo, del destello azul de sus dientes. Para mí era evidente, Monstruo estaba movido por oscuros designios, su virtud se había perdido y los filamentos azules que destellaban en sus colmillos habían dejado de ser semilla de sabiduria, para manifestarse en poder puro, Escorpión estaba determinado a inocular su veneno en Dragón, hizo un extraño movimiento con el cuello, abrió completo su boca y justo cuando su feroz mordida se perfilaba sobre la frente de Dragón le di con la cubeta en la cabeza, todo fue muy rápido, Cannabis salió volando para caer a un lado de Psiquis que aún no se reponía. Monstruo me miró extrañado, y en cuanto se repuso del golpe se me echó encima y me surtió con dos patadas y algunos manazos, Dragón se liberó de sus oponentes y se armó un todos contra todos, al que se incorporaron Psiquis X y Escorpión. Psiquis quiso golpear a Monstruo pero Satanás no se lo permitió, a su vez Dragón golpeaba a Monstruo, y Escorpión trataba de evitarlo mientras recibía de Capitalista. Busqué a Cannabis y lo encontré en el centro de una disputa entre Satanás y Capitalista, uno lo quería partir en dos desde el hocico, el otro se lo impedía, los ojos de Cannabis brillaban de miedo y me pedían auxilio, acudí presto y pateé en la espinilla a Satanás, no había sido su noche con el público, soltó al perro y se arrojó sobre mí, Psiquis se interpuso en el camino, lo vió realmente molesto, y recibió un tremendo golpe que lo dejó doblado entre las butacas. Busqué de nuevo a Cannabis, ahora sin encontrarlo, supuse que estaría a salvo. La melé entre los luchadores se fue desplazando, yo me quedé en el pasillo medio aturdido por los golpes recibidos, entonces llegaron cuatro policías, me sometieron y al ver que no oponía mayor resistencia pronto me esposaron.
-¿Y luego, qué pasó?- me preguntó un policía de los que me encaminaban. Me sacaron rápido por el pasillo directo a un cuarto a un lado de las taquillas. Ahí había tres policías más con los que me dejaron. Uno de ellos después de una revisión exhaustiva me pidió que me sentara en un sillón, a un lado de la televisión.
-¿Usted también es luchador amigo?- me preguntó burlón el policía. La transmisión volvía de unos comerciales, estaban viendo la función de lucha libre, en vivo. "Grandioso, inesperado, Psiquis X pelea contra sus mismos compañeros, y Dragón ya no quiere hacer mancuerna con Monstruo, Escorpión no sabe contra quién pelear".
-Soy el taxista de Dragón-, le contesté. "Sí señor, esta noche ha sido de sorpresas, sólo porque lo veo lo puedo creer, Monstruo y Escorpión enfrentados mano a mano".
-¿Y él te dijo que le pegaras al otro con la cubeta?- me preguntó incrédulo y volteó para con sus compañeros, uno de ellos hizo la típica señal del dedo en la sien. Yo le contesté que no, que Dragón no me había pedido que lo hiciera. "Tremendo equipo han armado, Capitalista está por tirar la toalla, qué manera de soportar castigo".
-Ya se los chingaron-, dijo contento el policía, se levantó y se volvió para conmigo, -Vámonos-, me dijo.
-Debe haber un error, yo vengo con Dragón, espérese a que acabe la pelea y pregúntenle-, le dije al policía, "Es Psiquis X quien deja fuera de combate a Satanás III y al referí no le queda más que declarar la victoria de los técnicos, Monstruo se niega a reconocerlo".
-Ahorita le vamos a preguntar a ver si es cierto-, me comentó, no despegaba los ojos de la televisión. De reojo pude ver cómo Psiquis y Dragón se daban por vencedores, Escorpión tenía el micrófono en la mano, se refería a Monstruo, "desde este momento estás decidiendo tu destino, sabes que los hombres como nosotros tenemos un pacto y no lo podemos romper, decidiste cambiar, muy tú, pero toma mucho en cuenta que todos los caminos de tu decisión te llevarán a enfrentarte conmigo y entonces vas a saber que lo que hiciste fue el peor error de tu vida, ya nos encontraremos".
-Ya llévalo, ándale-, dijo uno.
-Ya voy-, contestó enfadado el policía. Escorpión, Psiquis y Dragón se levantaban entre sí las manos en señal de victoria, Psiquis tomó el micrófono y agradeció al público y se comprometió a cambiar de rumbo, el público recibió de buena gana su conversión, "qué gran luchador gana el bando de los técnicos, es lo mejor que podía haber hecho con su carrera este muchacho...", el policía me tomó de la presilla trasera del pantalón y me levantó de la silla.
-¿Le van a preguntar a Dragón?
-Sí, pero necesito llevarte a la base-, me dijo. "Qué gran función pero, ¿ganaron los técnicos?, a mi no me la pegan, ese referí está a favor de los técnicos...". Salimos por la entrada principal, yo iba esposado, en la esquina a un lado de un puesto de tacos estaba una camioneta de la policía. Llegamos a ella.
-Súbete-, me dijo.
-¿Le van a preguntar a Dragón?-, insistía ingenuo.
-Sí, pero primero súbete.
El encargado de la camioneta se estaba comiendo unos tacos.
-¿y ese?-, preguntó curioso.
-Otro fanático, no lo vayas a soltar porque ya ves que se regresan- le recordó.
-Sí, ya sé-, dijo con molestia. El policía que me había llevado se retiró de inmediato urgido por seguir la televisión.
El policía chofer terminó de cenar y subió a la camioneta, coincidió con que las personas empezaban a abandonar la arena, antes de alejarnos pude percibir que el grueso del publico salía satisfecho, yo también lo estaba. Nos movimos por la de Medrano unas veinte cuadras, ahí paramos, bajó el policía y señaló a dos.
-¿Cuánto traen?- les preguntó. Ellos le contestaron, -Hmmm, a ver-, les quitó las esposas para que pudieran darle el dinero, los dejó ir después de advertirles, -voy a regresar, y no los quiero ver por ahí-. Se volteó para con los demás y nos dijo:
-Ustedes ya se chingaron.
Arrancó directo, ahora sí, rumbo a barandilla. Nos ingresaron por la parte de atrás.
Cannabis estaba en la entrada esperándome, a un lado del portón por donde entramos a un estacionamiento, mientras cerraban la puerta vi a Cannabis bajo un árbol, él también me vió. Pobre, parecía un perro callejero.
Pensé fuerte para que me escuchara:
"Ándate tranquilo y no hagas tonterias, salgo mañana".

15.2.10

15

El carro se guió sólo, Cannabis no lo cree, vuelve a aquello de mi percepción obnubilada, pero lo recuerdo bien, iba a dar vuelta en Dr. Arce y el carro viró en Medrano y se detuvo frente a la entrada de la arena, ahí bajaron los luchadores. Me invitaron a seguirles hasta una puertita contigua donde iniciaba una escalera, subimos, Cannabis tras nosotros con andar errático, desentendido de la situación, seguía deprimido. Arriba el piso estaba lleno de luchadores que nos recibieron alegóricos, la fauna variopinta se mostraba alegre de tener a sus campeones presentes, al fondo algunos hacían caso omiso de nosotros los recién llegados, practicaban llaves y se escuchaban los costalazos propios de sus practicas de entrenamiento.
-Esos son los rudos-, me dijo Dragón- esperan a nuestros enemigos, no podemos estar aquí mucho tiempo. A pesar de la aclaración ninguno de los tres pasajeros se apresuraba, una parsimonia pasmosa caracterizaba sus movimientos, la alegoría cesó cuando Dragón levantó sus brazos e hizo callar a todos.
-Este es nuestro taxista- me señaló -y aquella es su mascota- Cannabis no se dio por enterado, seguía ausente, -han sido fundamentales el día de hoy, sin ellos no estaríamos aquí, ahora. Están convencidos de esta importante misión, les pido un aplauso para ellos-. Pronto una ovación estalló, fuimos el centro de atención por segundos, Dragón alzó sus brazos de nuevo y todos callaron. Se acercó a mí uno que no era luchador, sin máscara, ni pelo largo, ni rapado, sin mallas, ni tatuajes, antes bien se distinguía por su porte elegante y ostentoso, cargaba oro en el cuello manos y boca, su presencia no dejaba de ser enigmática.
-Te agradezco a nombre de Dragón, Monstruo y Escorpión lo que has hecho, soy el representante de los tres, serás retribuido con creces por tu trabajo- estrechó mi mano, y con la mirada llamó a uno que parecía ser su criado.
-Llévalo a los tacos-, le ordenó. Dragón al escuchar esto asintió sonriente mirándome a los ojos, como dándome permiso de ausentarme.Yo me iba a negar, pero Cannabis ya bajaba las escaleras y el criado y yo tras él.
-Acabamos de comer, no tengo hambre- le dije al criado. Él no respondió y se encaminó alejándose del taxi. Sin más remedio le seguí algunas cuadras. Nos paramos en un puesto que tenía una docena de moscas como únicos comensales.
-Cinco para llevar-, pidió.
-¿Con todo?¿Cinco?- pregunto el taquero, el criado se caracterizaba por ser de muy pocas palabras, solo movió la cabeza de arriba abajo, en señal de aprobación. Preparó los tacos y los empacó en una bolsa negra. El criado pagó y regresamos a la arena, nos esperaban afuera los tres luchadores. Se despidieron del criado y subimos al taxi.
-Llévanos al hotel- me ordenó Dragón. Me puse en marcha encaminándome a la Central Camionera, Monstruo o Escorpión, el luchador gordo y chaparro, me guió hasta la de Cinco de febrero a una hostería con estacionamiento, antes de bajar Dragón me ordenó que esperara estacionado.
-Todavía nos falta afinar algunos puntos, espéranos aquí, tardaremos, no te desesperes. Y fúmate tus tacos-, remató. Salieron del carro y en cuanto los vi entrar a una habitación desempaqué la bolsa que nos había dado el taquero. Estaban los cinco tacos preparados con una carne babosa, cilantro quemado y cebolla reseca, había además una bolsita donde debía estar la salsa, sólo que en lugar de ésta se palpaba un buen puño de hierba, la abrí y lo constaté, observé bien la marihuana, una vez más lo comprobé, en el barrio de San Juan de Dios venden la mota más corriente de Guadalajara. No tenía intenciones de fumarme esa basura, pero a falta de pan, tacos. Lié algunos cigarrillos y le pasé un par a Cannabis que fumó cabizbajo, pensativo, su mudez se había acentuado, yo mismo me fumé otro par y quise conversar con él, pero se negó a hacer cualquier comentario.La mota sabía mala y su efecto emético estaba potenciado, aunque después de haber eructado de forma salvaje mi pecho descansó y me invadió un sentimiento placentero, prendí un tercer flavio, y a las pocas fumadas la voz de Dragón resonó en mi pensamiento. Dice Cannabis que fue sugestión más que comunicación, que esa yerba tenía una carga de paranoia excesiva. Quizá tenga razón, porque a pesar de ser la voz de Dragón, las palabras que escuché no correspondían al vocabulario que utilizó antes, durante y después de la pelea. “Esta es una misión hermanito, no te vayas a culear” “Hermanito, no te me apendejes, tú sabes cuándo, tú sabes por qué” “Hermanito, si no tanteas hacerla arranca tu carro y vete” esas y demás incoherencias revoloteaban en mi cabeza.
-Cannabis, ¿qué me está pasando?- le pregunté. Él volteó y bostezó como por los efectos de la droga. -Contéstame, Cannabis, contéstame- le grité. Golpeaba el tablero del taxi desesperado cuando una anciana me tocó la ventanilla. El taxi estaba cerrado y lleno de humo por dentro, bajé la ventanilla y la señora me dijo que no podía fumar dentro del carro, estaba bastante molesta.
-El veinticuatro se renta por una hora- me dijo el precio del cuarto -ahí está la Irene-, secreteó con voz baja, ese era el valor agregado. Bajamos del taxi y me guió al cuarto. Entramos y la Irene estaba acompañada por varios sujetos y algunas prostitutas.
-¿Tienes hachís?- le pregunté. Cannabis paró la trompa.
-Fumemos, pero antes deposita un billete- me dijo y levantó su falda y jaló el resorte de su calzón. Tenía el vientre repleto de papel moneda. Cannabis salió corriendo al taxi y veloz volvió con la pipa en el hocico. Ella llenó el cuenco y fumamos los tres. Se rió a carcajadas al ver como el perro inhalaba con maestría. Calló para entrar en lo que parecía ser un trance. Se sacudió con los ojos cerrados y después de los espasmos sin abrir los ojos muy solemne me conminó.-Pregunta lo que quieras.Antes de cuestionarla la observé de fijo, como queriendo encontrar el valor de sus posibles respuestas, su demacrada figura, enjuta y de rostro marcado por profundas arrugas me causó una fuerte impresión, para entonces el efecto de la droga me había vuelto susceptible y nervioso, creí estar frente a una diosa.
-¿Erinia, estamos en una misión?
Ella se sacudió con fuerza como buscando en lo profundo la respuesta, comenzó a sudar despidiendo un olor bastante desagradable, alguno de los varios drogos tirados en el suelo soltó una carcajada. Irene no atinaba a contestarme. Pasó un buen rato antes que se decidiera a soltar su perorata.
-Cuando todo termine sabrás que hiciste lo correcto. Vida y muerte son caras de una misma moneda, vuélala y obsérvala de fijo ya en el suelo, para tu sorpresa no podrás distinguir a qué cara corresponde cada una, hoy pasa lo mismo. No dudes, actúa en el teatro de tu muerte, pero encuentra en tu actuación los motivos de la acción, si eres objeto de nada te servirán mil respuestas, debes ser sujeto, debes ser actor y no escenario, debes hacer que la moneda caiga de canto. Entonces tu duda pasará a segundo termino, sólo tú sabes si existe tal misión.
Irene guardó silencio para enseguida jalarle a la pipa. Cannabis por primera vez en el día parecía sonreír y yo me sentía más confundido que al principio. La anciana tocó la puerta, Irene identificó la clave y antes de abrir me exigió dinero para poder continuar en la habitación. Le dije que lo mejor era marcharnos, sopesó la situación y furiosa reconoció que no podía retenernos bajo ningún argumento.
-Quisiera ser buen anfitrión, nos retiramos, nos esperan afuera- le comenté, salimos y lo que parecía ser una mentira era una realidad, los tres luchadores ya esperaban alrededor del taxi. Mi sorpresa fue mayúscula, estaba completamente drogado, los pasos para llegar al taxi parecían interminables y escuchaba voces venidas de todas partes, gritos desaforados, aplausos e imprecaciones cargadas de odio, todo venido de las auras de los tres luchadores que ya no eran los mismos, sin necesidad de concentrar mis percepciones se me presentaron con claridad como iguanas gigantes, Dragón habría el hocico y resoplaba fuego, Monstruo y Escorpión me miraban de fijo y estáticos como entes de sangre fría. Sentí de nuevo acelerarse mis intestinos, tuve miedo. Dragón me subió al taxi, Cannabis brincó adentro también.
-Fuma- me dijo el portento de luchador, me pasó el medio cigarro que había dejado pendiente cuando llegó la anciana -no temas, en verdad te digo, hoy el bien triunfará sobre el mal, y tú serás pieza clave. Tuve ganas de vomitar otra vez, pero de nuevo un eructo estabilizó mis sensaciones, pronto la amenaza de la pálida se fue alejando y volví al estado de excitación y placidez que se requería para llegar animoso a la arena Coliseo. Monstruo y Escorpión ya estaban arriba del taxi y arranqué, en el trayecto los luchadores se pusieron a rezar, para mí sus murmullos fueron un canto. Observé de reojo a Cannabis, lengua de fuera y orejas tapando sus ojos, reflexionaba. Llegados a la calle de Medrano se adivinaba una fiesta, una multitud de andantes recorría las aceras, vendedores de comida, máscaras, cerveza y revendedores de taquilla daban vida a las calles, el mismo inmueble parecía vivo, se escuchaba el palpitar de la arena desde lejos, hasta Cannabis se contagió del júbilo y la fiesta, empezó a saltar y a mover su cola como varita, yo mismo me sentía en el lugar correcto, en el momento oportuno. Cuando entramos al estacionamiento a desnivel de la arena tomé conciencia de que ya había anochecido, el efecto de la droga me había jugado esa pasada en anteriores ocasiones, nunca he tenido remordimiento al no saber dónde quedaron las horas intermedias. Dragón sonreía contento, sin embargo recuerdo bien sus palabras que en contradicción me decían:
-La muerte ronda esta noche, ten cuidado.
Bajamos del taxi, los luchadores esquivaron a una pequeña multitud de curiosos envueltos en sábanas que se habían robado del hotel. Entramos por una puerta rumbo los vestidores. Alguno de la administración quiso impedir la entrada de Cannabis. Dragón soltó su primer golpe de la noche.
-Viene conmigo, hazte a un lado- dijo y con el antebrazo lo aventó a varios metros. Cannabis saltaba ligero y ladraba eufórico. La función ya había empezado, estábamos a pocos minutos de resolver el futuro de la lucha libre.
Aquello fue una misión.

11.2.09

14

La zona metropolitana comenzaba en la Glorieta del Álamo, del aeropuerto a allí hice quince minutos. El asfalto en regulares condiciones y el tráfico despejado permitían una velocidad constante. Los luchadores comenzaron a discutir, Monstruo y Escorpión se contrapunteaban en todos los temas, Dragón musitaba frases en diversos idiomas, la platica estaba tan nutrida que ninguno se escuchaba. Sus voces se fundían por los chiflones que entraban por las primaveras de mi Dart 77. Una sola voz que argumentaba y se rebatía, que a un mismo tiempo sonaba plañidera y persuasiva, un solo timbre jocoso y entrecortado venido de distintos lados, era menester espejear al interior para saber quién hablaba, el alto o el bajo. En tanto la voz de Dragón, pausada, contenida, siempre por lo bajo y ajena a sus interlocutores semejaba un monologo prehistórico. Entre los tres provocaban un sonido que comenzaba a marearme, cambié de carril de forma imprudente, pero ninguno guardó silencio, me siguió después un frío de miedo, el sonido reptante de la culebra provocó se aceleraran mis intestinos. Cannabis ladró dos veces fuerte, me apeé de inmediato.
-Abra la puerta-, le ordené al gordito. Por ahí bajo Cannabis y después de haber orinado la llanta trasera volvió a su asiento.
-Es muy educado, avisa cuando tiene necesidad- le expliqué a los luchadores. Después arranqué. Sólo así guardaron silencio. Recobré el control cuando pasábamos por la glorieta del Álamo. Volví al gordito y al alto para preguntarles el destino fijo.
-Llévenos a comer tortas ahogadas-, ordenó Dragón. El mando lo tenía ya Dragón. La orden fue clara, y oír sólo su voz, un destello de tranquilidad. Pensé en abandonarlos de inmediato en cualquier esquina. Recobré la conciencia, dice Cannabis. A mí parecer, perdí la fe. Dejé de creer que aquello era una misión y anhelé llegar pronto a un puesto de tortas, dejarlos y salir acelerado. Cannabis alega que fue la oportunidad que la lucidez me brindó para entender que aquello no fue una misión. Sé que se equivoca, después vería con mayor claridad el origen de mi miedo. Recordaba varios lugares, buscaba el más próximo con la firme idea de terminar el servicio. Todos los caminos me llevaron a la zona de Mexicaltzingo.
-Estaciónate ahí- señaló Dragón cerca de un anciano ciclista. -No te marches. No tengas miedo. De verdad te digo, el bien vencerá al mal esta noche. Volveremos enseguida, deja correr el taxímetro-, dijo y se bajó para encaminarse rumbo al ciclista. Escorpión y Monstruo le siguieron, noté entonces que en algún momento, antes de bajarse del taxi, se habían puesto sus mascaras. El viejito de la bicicleta cargaba con un cajón metálico en la parrilla, desde donde organizaba las tortas, en él cargaba lo necesario, un par de botes de salsa, carnitas de puerco y birotes salados, recién comenzaba su cotidiano rondín, llevaba el almuerzo por los talleres y refaccionarias de la zona. El viejo les recibió con amables ademanes que contrastaban con el afilado cuchillo cebollero que blandía en la derecha, negro de cebo. Tuve tiempo de observarlos con detenimiento mientras pedían sus tortas. Como el viejo no traía bancos improvisaron una mesa en el toldo y cofre de un carro. Quizá la abstinencia me había friqueado, pero el trío me escalofriaba. No sabía quién era Monstruo y quién Escorpión, su charla evitaba la referencia. Ninguno de los dos tenía aspecto de atleta. El bajito y regordete, carecía de cuello, una leve piocha en la máscara lo evidenciaba, sus hombros arqueados terminaban en unos dedos flacos y sus brazos rechonchos hacían juego al arco de sus piernas. El otro, también de piernas combadas, parecía tener cuello de más, debido a sus hombros muy caídos. De piernas largas y brazos cortos, su talle era delgado, aunque con cierta joroba donde debía comenzar la espalda. Dragón tampoco tenía un cuerpo atlético, más bien era un fenómeno, como lo iba a demostrar esa mañana.
Escurridizos si no se les tiene a la vista, a la distancia podía observar a Monstruo y Escorpión a un tiempo. Concentré mis percepciones en tratar de distinguir quién era quién, y sus sendas procedencias. Al observarlos de fijo noté en Monstruo y Escorpión la semejanza de sus mascaras, ambas de fondo negro, bordadas de escamas que con la luz variaban de tonalidad, una máscara pintaba del rosa al morado y estaba ornada con menos escamas que la más colorida, que portaba el flaco. La de más abalorios reflejaba mayores tonalidades, con poca luz tiraba al rojo y bajo el rayo del sol al verde pastel, me incliné a pensar que su origen sería costeño; mientras que la otra máscara más seca, pero igual de urgida de luz de sol supuse sería desértica. Encontré entonces, a raíz de mis observaciones, en aquellas lentejuelas que lucían sus capuchas la evidencia de su sangre fría y su capacidad de matar, esas escamas tornasoladas lucían orgullosas su exclusivo parentesco con la serpiente venenosa, supuse fundados los temores de Dragón respecto al par, y aunque se mostraban orgullosos de su filiación científica, su naturaleza mortífera era evidente. Concentré mi atención en Dragón, la sorpresa fue mayúscula, él mismo estaba emparentado en fuertes lazos con sus compañeros y aun con las serpientes. “¿Si esto no es una misión, qué estoy haciendo aquí, Cannabis?”, le pregunté. Hizo caso omiso a la cuestión, sumido en su profunda depresión. Apoyado por el silencio de Cannabis me dispuse a observar a Dragón, la primera impresión había sido todo un velo, sus más de dos metros de corpulencia sumados al aura de benevolencia que irradiaba, me impidieron ver su capacidad destructiva, muy superior a la de Escorpión y Monstruo. Mientras le observaba devorar feroz su torta ahogada, me volvía a la mente su implicación en la muerte de su único vencedor. Sus dedos rojos arremolinaban los pedazos de carne y birote aguado y llevaban el bocado a sus labios henchidos de sangre, irritados, por su mentón corría la salsa y sus ojos achalados se volvían una rayita. Por sus comisuras escurría baba verde que manchaba el ropón blanco en el que apoyaba su espiritualidad. Trataba de descifrar su origen, supuse sería oriental por sus pómulos altos y sus ojos rasgados, cuando mis observaciones se desviaron a Monstruo y Escorpión, estaban llorando, se separaron del grupo que hacían con Dragón para dar manazos en la pared, uno de los dos parecía perder el equilibrio, bajé del carro a preguntar qué pasaba.
-Son fuereños, pidieron sus tortas ahogadas-, dijo el ciclista sin disimular la risa y volvió a la preocupación. -Pero mira a este-, señaló a Dragón, -ya va por la cuarta torta ahogada.
-Deme una media-, me di por enterado mientras veía a Monstruo y Escorpión sufrir la pena. Tuvieron que hacer gárgaras con agua de horchata para bajarse lo enchilado. Después de un rato de resoplar y babear se controlaron.
-Sólo los fuereños, y los muy machos, las piden ahogadas, y hasta los muy machos lloran pero este señor no, no puedo creerlo-, comentó mientras me preparaba mi torta, con el mismo cuchillo partió el pan y la carne para después llenar el bollo.
-¿Ahogada o media?-, me preguntó a pesar de que ya antes le había dicho.
-Media. Enseguida inundó la torta entera en el bote de salsa y sólo metió la mitad en el bote del picante. Cuando la terminé me punzaban los labios y estaba transpirando, pronto pasaría el efecto. La torta del viejo resultó excelente.
Para entonces Dragón iba por la novena.
-¿Ahogada o media?- preguntaba el tortero.
-Ahogada-. Contestaba Dragón. Sin bañarla de salsa, el viejo tortero ahogaba el bollo todo en picante, y lo entregaba a Dragón. El tortero sufría una confusión, no tanto por las cantidades que deglutía Dragón, sino por que el picante no surtía sus efectos, Dragón sólo resoplaba pero no dejaba ni el caldo. Llegó el momento en que el ciclista dejó preparadas tres tortas y se fue a fumar un cigarro a pocos metros de la bicicleta, regresó dejando atrás cualquier asomo de perplejidad o asombro. Resignado, su semblante admitía que sus tortas habían sido derrotadas.
-Hay en el cosmos una interconexión íntima en todas las manifestaciones de su energía- comenzó una extraña perorata Dragón, -hay un principio y un fin en el mismo punto, el punto generador, único por infinito. Venimos de él y al él vamos. En este devenir nos ubicamos en algún tiempo y lugar y nos manifestamos según los designios del orden cósmico, sabio, imperecedero. En verdad les digo, que quien pueda establecer cualquier contacto con el origen generador, experimentará la materia pura de la que está hecha esta ilusión, este periplo sin principio ni fin que es la conciencia. Para quienes hemos establecido contacto, la muerte ya no es preocupación. Durante mi largo viaje por medio mundo me induje en un trance hipnótico en busca de respuestas. Esto es una misión. Obtuve sorprendentes revelaciones que la infinita gracia abundó en mí. Una que deben saber: Esta noche alguien me va a traicionar- soltó con naturalidad su última frase. Monstruo y Escorpión se mostraron desconcertados. Se retiraron unos pasos para secretear, volvieron algo molestos y afirmaron a dúo:
-Eso es imposible.
-Créanme cuando les digo que estas tortas ya las conocía. También me fueron reveladas. Llegó mi momento de retiro y si vuelvo de él, por única ocasión, es porque la noche de hoy seré artífice e instrumento de la gloria de proscribir en definitiva el mal de las arenas de lucha libre. Realicen bien sus rutinas y no cometan errores esta noche, los laureles serán para ustedes que quedaran en activo. Les lloverán propuestas.
-No creo que sea tan fácil- dijo el gordito.
-No lo será- coincidió Dragón. Entregó el plato por última vez y pidió la cuenta.
-Yo pago- añadió autosuficiente.El tortero con alguna dificultad hizo la multiplicación. En cuanto recibió el dinero volvió a sonreír.
-¿Y usted como se llama?- preguntó el tortero.
-Dragón de Komodo- dijo y el aliento lo delató, parecía salir lumbre de su boca.
-¡¿El luchador?! Dragón asintió, solemne.
-Con razón, sólo alguien como usted podría aguantar el chile de mis tortas. Casi se acaba el bote usted solo, nadie me iba creer, aunque la verdad, no pensaba contarlo. Ahora ya no sé. Pero no se vaya, cómase otra, cortesía de la casa. Dragón iba a aceptarla cuando el viejo ya le preguntaba:
-¿Ahogada o media?
-Ahogada-, contestó Dragón como si fuera la primera vez. El viejo zambulló la torta en el picante con gran esmero, le entregó la torta a Dragón y mientras el luchador se abalanzaba sobre ella, el anciano ciclista con el ceño fruncido parecía sacar cuentas.
-¿Entonces ustedes van a pelear esta noche?- sin esperar respuesta, empezó a llenarlos de halagos y elogios, parecía un auténtico aficionado, le pidió al flaco que le dejara tocar su máscara y a Dragón que le autografiará el plato donde había comido. Cuando Dragón firmaba comenzó a derramar lagrimas.
-¿Qué pasa maestro? ¿Le está haciendo efecto el picante?- preguntó el gordito.
-No. No, de ninguna manera. Es la humildad de este hombre lo que me conmueve, con un par de líneas hechas con mi puño y letra es feliz, nos adora, somos sus ídolos y no sabe, que él mismo, sus tortas, han salvado al mundo de la lucha libre de caer en manos del bando rudo.
-Todos ponen pretextos- dijo el viejo tortero que con disimulo estaba atento a la conversación. -¿Una agüita de horchata?- preguntó de rutina.
-No es necesario gran hombre- Dragón parecía compungido, pero secó sus lagrimas y antes de subir al taxi ya había guardado compostura.-Llévanos al gimnasio de la arena Coliseo- ordenó Dragón.

13

Existe una pequeña discusión entre Cannabis y yo con respecto a lo que fue la segunda misión, mientras yo aseguro que aquella noche fuimos actores y hasta protagonistas de un suceso trascendental, Cannabis afirma que ni siquiera fue una misión y que mis ánimos exacerbados nublaron mis percepciones.
-Todo fue actuado- dice categórico cuando volvemos al tema, aunque él mismo no termina de convencerse de que así hubiera sido. Una vez instalado y después de algunos recorridos de reconocimiento por mi cubil, el tiempo me pasaba entre días y noches, mientras hubiese sol Cannabis y yo recorríamos la ciudad, por las noches volvíamos a casa, en una rutina circular que sabíamos se suspendería al recibir el mensaje con la encomienda de nuevas responsabilidades. Una de esas mañanas a mí me pareció que el día sería distinto, pocas noches duermo, aquella no la había pasado en vigilia y recién abrí los ojos y ansié salir a la calle, intuí que sería un día claro con sol pleno y aire fresco. Mientras bañaba al taxi decidí ruletear por el rumbo del Agua Azul. Quizá Cannabis advirtió algo en mi semblante, esa mañana no habló para nada, en todo el día no lo hizo. Arranqué pensando que si tenía buena suerte encontraría el paseo y el lago, pero después de darle vueltas a la zona no encontré otra cosa que un parque enrejado y una charca artificial, y a un par de sujetos que me hicieron el alto por la Roberto Michel.
-Al aeropuerto-. Me dijo el alto y flaco, iba acompañado por un gordo chaparro. Traían de antes una animada platica que continuaron en el taxi. Discreto, como debe ser un buen taxista, sonreía cuando creía necesario, después tornaba ausente para volver distraído cuando se me instaba a opinar.
-No me gusta nada-, dijo uno de los dos, no pude identificar cuál. Entonces mis sentidos se afilaron, me percaté de que sólo escuchaba una voz, llevé la palma de mi mano a la cabeza de Cannabis en ademán cariñoso. “Estos dos hablan con idéntica voz” pensé. Mientras esperaba una respuesta de Cannabis el alto de los pasajeros me tocó el hombro.
-¿Cree usted que existan legiones del bien, y legiones del mal?
-Pues, sí, hay mucha gente buena, y también hay mucha gente mala-, contesté para mantenerme ajeno a la discusión.
-¿Te das cuenta?- le dijo al chaparro.
-Estas bastante nervioso, aquí el joven te acaba de dar la mejor respuesta, concéntrate, entiéndelo, la gente común vive en la más cruel de las ignorancias. Me preocupa que no puedas estar al cien esta noche.
-No es normal- parecía decir la misma persona, pero de la boca del gordito salían las palabras.
-Ya lo sé. Pero tómalo con la misma seriedad y profesionalismo que si lo fuera, es más, tenemos que dar el extra, porque tienes razón, no es normal. Pero no te acalambres, sólo si estamos al cien podremos ganar esta noche. Además de qué te preocupas, vamos por el más grande luchador que haya dado el mundo en muchos años.
-Si hiciéramos tercio con un calienta lonas me sentiría mejor. Durante unos minutos ambos permanecieron callados, miraban cada cual por su ventanilla, el gordito se sobaba la panza.
-¿Son ustedes luchadores?
-Sí- escuché la misma voz dos veces a un tiempo,
-“Monstruo” y “Escorpión”- terminaron de decir a coro.
-No recuerdo haber ido nunca a una arena. ¿Es cierto lo que dicen, que es pura pantomima, que no se pelean de verdad?-, mi pregunta les quitó algo de presión, ambos explotaron con idéntica risa.
-¿Qué las peleas son arregladas? ¡Claro! Eso es lo que le digo a mi compadre todo el tiempo. La lucha libre es un negocio, por eso cambió la sede el evento y la cartelera, para hacerlo espectacular. Ya se acabaron las grandes máscaras las que su solo nombre invocaba la valentía, la honestidad, la caballerosidad, ahora los cuadriláteros están llenos de marionetas de un promotor. ¿Sabes? Nosotros somos los mejores, hoy por la noche tendríamos una pelea en Reynosa contra un par de maricones, que dizque por el campeonato mundial absoluto, mucho dinero, mucha promoción y cuatro días antes vocean por todos los medios que la lucha se cancela y de que en vista de que el ambiente sea calentado lo suficiente, habrá lucha, pero será el todo por el todo. Por la supremacía absoluta de los bandos en la lucha libre, el bando que pierda se retirará de la lucha.
-No estamos hablando de nosotros, sino de todos, de los técnicos o de los rudos, nos la jugaremos por todos- terció el gordito.
-Así es, cambiaron la cartelera, de parejas a relevos australianos, “La última batalla entre el bien y el mal” ¿no has oído de ella?, por todos lados la anuncian, mira-, sacó de su bolsillo un programa de la pelea. Entre las preliminares estaba una lucha de mujeres contra enanos. El estelar ganaba casi todo el espacio del cartel, la legión del bien contra la legión del mal por la supremacía absoluta, se guardaba el nombre de los participantes para el momento de la lucha, dizque por cuestiones de estrategia, y se garantizaba la devolución del dinero al final de la función para el caso en que no cumpliera la lucha con las expectativas del reclamante. “Esto es una misión Cannabis” pensé, pero una vez más Cannabis no se manifestó.
-Todo el mundo espera que nosotros salgamos al ring, somos los mejores. Pero nosotros no sabemos contra quién lucharemos. Cuando nuestro representante nos dijo que haríamos tercio con “Dragón de Komodo” entonces mi compadre se empezó a asustar, piensa que la cosa va muy en serio y está preocupado por lo que pueda hacer la otra legión, se le olvida que esto es un negocio y piensa que de verdad podemos llegar a perder.
-Los rudos son así, sólo basándose en triquiñuelas nos pueden vencer, temo que nos estén preparando una trampa.
-¿Dragón de Komodo no es confiable?- le pregunté al alto, que por su serenidad parecía el más objetivo.
-Dragón es quizá el mejor luchador técnico que hay en el mundo, por ese lado es confiable, pero nunca ha luchado por dinero.
-Por ese lado no es confiable-, agregó el chaparrito.
-No es posible que alguien salga a luchar sin tener hambre. A lo mejor haz oído de él, la única vez que perdió una pelea fue porque abandonó, a la mitad de la tercera caída dejó de luchar, le dijo al referí que se retiraba y se dirigió a los vestidores, su contrincante le fue pateando el trasero por todo el pasillo sin que él se revelara, el público le gritaba cobarde y demás, mucha gente en la arena estaba confundida. Dicen que el ganador no cabía del gusto y festejó toda la noche y parte del día siguiente, lo encontraron en la tarde muerto. Al principio se creyó que había sido una congestión alcohólica o una sobredosis de drogas, después se supo que murió de una septicemia generalizada atípica.
-¿Qué es eso?- pregunté.
-No sabemos-, me contestaron a coro.
-La prensa pudo dar con él después de semanas, pero no lograron hacerle hablar del tema, desde entonces está en el retiro-.
-Estaba,- dijo el gorodo-, con esta pelea regresa a los encordados, el negocio ¿entiendes?
-Pero me dijiste que él no peleaba por dinero.
-Yo no dije, lo dijo mi compadre.
-No es cierto, lo dijiste tú.
-Está bien, tienes buenos reflejos. Lo que quise decir es que él pelea aunque no le paguen, no que no acepte dinero.
-Llegamos. Los dejó en nacionales o internacionales.
-Háganos un favor, lo pagaremos como parte del servicio. Entre usted al estacionamiento, vaya por Dragón y lo esperamos en el coche, es posible que haya periodistas, usted comprenderá, somos luchadores enmascarados- dijo el gordito sin dejar su semblante atribulado.
-¿Cómo le reconoceré?
-Le reconocerá-, corearon los luchadores.
Me preocupaba el silencio de Cannabis, parecía estar dormido, dominado por la abulia. Él me lo confirmó, hay días así, dice. Estaba deprimido. Se quedó en el carro mientras yo salía a esperar el arribo del Dragón.Buscaba un cubículo de información cuando di con él. Estaba rodeado de gente, ninguno era periodista, puros curiosos. Yo mismo por curiosidad me acerqué al ver el pequeño barullo. Le Firmaba un autógrafo a un niño.
-Vengo por usted-, le dije. Me repasó con la mirada y después sonrió.
-Le sigo-, me dijo -pero lléveme por el camino menos corto, quizá me encuentre con algún periodista. ¿Te mandó el promotor?
-Me preguntó y guiñó un ojo.
-No, soy taxista. Monstruo y Escorpión están en el estacionamiento.
-Lo sé-, dijo con gran solemnidad. Irradió de él una extraña luz y sonrió para conmigo benévolo. “Un tipo extraño” oí a Cannabis en mi mente, pero no se comunicaba conmigo, sino que yo irrumpí en su pensamiento. Observé entonces un excelente alto contraste de claroscuros, en el interior del taxi Monstruo y Escorpión repasaban el repertorio de llaves, defensas y celadas que practicarían por la noche. La mirada atenta de Dragón me devolvió a la sala del aeropuerto.
-Quiero conocer a ese perro-, dijo.
Desde ese momento para mí la misión estaba anunciada y confirmada. Cannabis asegura que dijo “Quiero conocer a esos perros” en referencia al par de luchadores, pero como estaba distraído al descubrir que yo podía ingresar en su mente, escuché mal. El trayecto al taxi lo hicimos con lentitud.
-No hay periodistas-, le dije para entablar conversación.
-Al menos firmé un par de autógrafos. No estoy de acuerdo en eso de que se guarde el cartel para último minuto, al menos por nuestra parte, nosotros representamos el bien, la luz, la claridad, no podemos salir del acecho, debemos esperar estoicos los embates malignos, somos las fuerzas del bien y por tanto somos invencibles.Escuchaba su serena cantinela acompasada por un andar cansino que hacían parecerlo centenario.
-¿Por qué está usted tan seguro de ganar Dragón?
-En preguntas como la tuya suelo acudir al Tao.
-¿Y qué dice el Tao?
-El Tao no dice nada.
-¿Se ha puesto a pensar que si se retira el bando de los rudos, la lucha libre terminaría?-, Dragón se paró en seco y me miró de forma confidencial.
-No necesariamente. Seguiremos luchando, las peleas no pararan, depuraremos la técnica y la práctica de la lucha hasta alcanzar la perfección ética y estética. El bien reinara con justicia, se darán buenas peleas, todo está escrito, son las letras del destino. Y sin embargo, tengo miedo. Sólo ellos pueden cambiar la historia.
-¿Quiénes?
-Escorpión y Monstruo- los señaló, estábamos a unos metros del carro, ya bajaba el par a recibirlo.
-¿Pero, de qué tiene miedo?
-De morir esta noche. Mientras los luchadores se saludaban le eché un ojo a Cannabis, seguía recostado en el asiento.
-Sal para que veas tú mismo al Dragón de Kómodo-, le dije. Bajó del taxi de mala gana y se fue a parar frente al Dragón.
-Este es Cannabis, mi compañero-.
Dragón lo miró con curiosidad y esbozo una sonrisa endulzada por sus almendrados ojos.-No te preocupes perrito, esta noche el bien triunfará una vez más sobre el mal-. Cannabis lo miró de fijo un rato, después subió al carro. Dragón se negó a ocupar un asiento trasero, Cannabis se fue a sentar atrás, entre los luchadores, en posición de esfinge. A veces el gordo, en ocasiones el alto, pasaban su mano sobre el lomo de Cannabis, que afligido y ausente rechazaba la oportunidad de volverse un amuleto.