20
Llevé el móvil al norte con velocidad moderada, tratando de adecuarme a él. Trámite nada complicado. La máquina funcionaba en base a sensores que obtenían de la transpiración el código singular y activaban la memoria local que interactuaba con los patrones electromagnéticos del operador de la unidad, estos patrones eran registrados por sensores en diversos implementos, por lo regular guantes. Recibí un anuncio: "Por ordenes de la secretaria central, si no tiene servicio en la zona, entre en el rango de los cinco kilómetros alrededor de la catedral en 3 minutos como límite". El tablero era una amplia pantalla retráctil desmontable, froté mis dedos y apareció el mapa de la ciudad, como si la pantalla adivinara mis intenciones, sólo las interpretaba. En la medida que le facilitaba el trabajo a los sensores magnéticos se reproducía la orden de manera fiel, algún error de interpretación podría prender luces en lugar de abrir puertas, debía entonces mantenerme en frecuencia con la memoria local del móvil. Crucé las piernas y aparecieron varios puntos en el mapa, quizá en las droguerías del barrio del santuario, podríamos encontrar algo de información, o al menos un toque. Digité en la pantalla y aparecieron opciones de vía para 30, 45 y 150 segundos, digité 150 y troné los dedos para suspender la cabina. Me llevé un dedo a la sien con el ánimo de examinar opciones la pantalla, elegí el boletín oficial a bajo volumen, quería conversar con Cannabis, quizá él tendría alguna información que pudiese esclarecer el objetivo de la misión.
"No tengo idea, quisiera recordar si alguna vez he estado aquí, y no puedo" escuché de Cannabis, "es extraño, experimento un dejà vú constante" terminó de comentarme."Yo por el contrario, al olvidar he recordado, y sin embargo no sé qué hago aquí" le comuniqué a Cannabis. Nuestro diálogo mental me permitió escuchar claro la palabra referendum, le ordené al vehículo subir el volumen.
"La oficinas centrales del gobierno de la provincia de Guadalajara han acordado a las 09:00 horas del día de hoy convocar a un referendum con motivo de la permanencia de sus actuales autoridades, la información recabada por los chips de audio ha sido procesada por la memoria central estadounidense, los procesadores interpretaron que existe un descontento potencial. La fórmula será la siguiente: ¿Quiere usted que renovemos toda la planilla de autoridades?, usted deberá elegir entre las opciones Sí o No, de los recuadros amarillo y verde respectivamente, iniciará en 30 segundos y concluirá transcurridas 24 horas, el resultado se hará público a las seis horas posteriores en punto, para que usted pueda participar se abrirá el amplio espectro receptivo, larga vida a la provincia de Guadalajara les desea el gobierno central de los Estados Unidos Anexos y Provincias de América". Apareció en la pantalla otra cuenta regresiva, de las varias, la única en incremento me indicaba que teníamos varios segundos suspendidos a algunos metros del estacionamiento del santuario.
La pantalla se lleno de mensajes, aparecieron 120 peticiones de servicio en segundos, acordé 30 citas para las siguientes cuatro horas, todas de alta velocidad. El referendum impactó de inmediato en la vida cotidiana. Los mensajes seguían sumándose en la pantalla, la desmonté y la reduje al mínimo, me la coloqué con su muñequera en el brazo derecho, mientras un mensaje en el cilindro me advertía: "Tráfico pesado no salga del área marcada"."Ya sabes Cannabis, sigue el camino amarillo" le dije pero no me entendió, a punto estuvo de salir del área delimitada cuando se lanzó a ladrarle a toda prisa a un proyectil que se acercaba justo sobre nosotros, paró en seco y se suspendió dando giros para después descender, Cannabis seguía ladrando aún cuando ya había bajado el pasaje y el taxi se alistaba a salir.
-¡Quieto, quieto!- le grité a Cannabis apenado con la mujer que entraban al área con nosotros.
"¿Qué pasa contigo?" le pregunté."Pensé que nos destruirían", fue la respuesta.
"Necesitas un buen toque" concluí.
Nos encaminamos al ascensor, esperábamos el dispositivo de suspensión cuando la mujer se dirigió a mí.
-¿Qué gusto tiene por ser diferente? ¿Por qué usa la muñequera en el lado derecho y no en el izquierdo? ¿Por qué usted prefiere un perro, cuando todos los taxistas prefieren las aves y casi nunca un gato?
-¿Me acusa de algo? Todo lo que charlamos va a la memoria, puede pedir que se grabe la escena si no confía en mí- reaccioné.-No hermano, usted no me ha entendido- dijo y salió del ascensor antes que éste anunciará el tiempo de ocupación excesiva, con tráfico cargado contado al tercer segundo se activaban los sensores de registro singular y cargaban una multa. Escuché su "hermano" tan fraterno que entendí que estaba alterado, sopesé la necesidad de alcanzarla y ofrecerle una disculpa.
-Perdón, pero esto del referendum me ha puesto algo irritable.
-¿No ha hecho los bonos suficientes para ingresar a la burocracia? ¿Votará por el sí?
-Soy taxista, con mis bonos no puedo aplicar a la burocracia.
La última gran merma demográfica se había dado con la implantación del sistema de bonos por parte de los Estados Unidos, declarando a Guadalajara como su provincia. A partir de ese día todo fue público y cualquier tipo de circulante fue prohibido.
-Hoy puede ser mi día de suerte-, dijo y se tomó con los dedos la garganta -he tenido problemas con los taxis, muchos me cancelan las citas y otros en definitiva me niegan el servicio, todo está en los registros-, dijo para hacerme atractiva la propuesta. El chip de audio captaba todos los sonidos y enviaba la información a la memoria central que la interpretaba y la almacenaba en la base de datos correspondiente al código singular. -Hoy mismo tuve que mandar 50 mensajes para recibir una respuesta, ¿puede creerlo? hermano.
-¿A qué se dedica?- le pregunté. En la medida que los servicios personales se volvían importantes para el bienestar público los bonos se elevaban, nadie le negaba el servicio a un burócrata.
-Hago el aseo del santuario y en general veo por el buen mantenimiento de nuestro recinto espiritual, hermano-, comentó orgullosa. El servicio era de bonos bajos, pero ahora que se quejaba, la memoria central podría afectar los bonos de la cuenta comunal del gremio taxista apoyando en el pago del servicio a la intendente, así el bono se incrementaría, para después volver a su tasa natural, que en todo servicio abonaba el cliente.
-¿Es lo único que hace?
Todo estaba en la memoria, aunque el servicio fuese de bonos bajos, la persona podía ser de bonos altos, así se compensaban algunos abonos.
-Mi trabajo no es sólo mantener limpio el lugar, es también mantener el ambiente propicio para que los hermanos se reunan a convivir con nuestra madre, para que ella les brinde el alivio espiritual indispensable en estos tiempos, son sesiones hermosas ¿acaso no es usted guadalupano?
-Todos lo somos-, le contesté.
La pantalla acumulaba 300 mensajes, el tiempo se había terminado. La multa del ascensor ni con mucho se reflejarían en mis bonos, pero dejar de trabajar ante la inminente necesidad provocada por los acontecimientos bajaría mis bonos por los suelos.
-Me tengo que retirar, se disparó la demanda, si las cosas siguen así tendré que trabajar todo el día sólo para sostener mis bonos.
-No se irrite, mañana a esta hora todo volverá a la normalidad. Antes de que se vaya ¿le pido un favor? ¿podríamos usar nuestras pantallas?- me pidió con cierta timidez.
-Desde luego- afirmé con naturalidad.
-¿Para participar en el referendum?
-Usted no es diferente, es solamente rara- le dije y acerqué el cilindro, ella me mostró un pequeño cubo, ambos digitamos por el NO, al tiempo que un sensor recopilaba nuestra información básica de contacto.
-Espero que quiera usted ser mi taxista, si lo hace de manera desinteresada quizá suban sus bonos- me hizo notar con una sonrisa -larga vida a la provincia- se despidió.
-¿Sabe usted donde puedo conseguir algo de mariguana por aquí cerca?- le pregunté.-¿A qué se dedica?- le pregunté. En la medida que los servicios personales se volvían importantes para el bienestar público los bonos se elevaban, nadie le negaba el servicio a un burócrata.
-Hago el aseo del santuario y en general veo por el buen mantenimiento de nuestro recinto espiritual, hermano-, comentó orgullosa. El servicio era de bonos bajos, pero ahora que se quejaba, la memoria central podría afectar los bonos de la cuenta comunal del gremio taxista apoyando en el pago del servicio a la intendente, así el bono se incrementaría, para después volver a su tasa natural, que en todo servicio abonaba el cliente.
-¿Es lo único que hace?
Todo estaba en la memoria, aunque el servicio fuese de bonos bajos, la persona podía ser de bonos altos, así se compensaban algunos abonos.
-Mi trabajo no es sólo mantener limpio el lugar, es también mantener el ambiente propicio para que los hermanos se reunan a convivir con nuestra madre, para que ella les brinde el alivio espiritual indispensable en estos tiempos, son sesiones hermosas ¿acaso no es usted guadalupano?
-Todos lo somos-, le contesté.
La pantalla acumulaba 300 mensajes, el tiempo se había terminado. La multa del ascensor ni con mucho se reflejarían en mis bonos, pero dejar de trabajar ante la inminente necesidad provocada por los acontecimientos bajaría mis bonos por los suelos.
-Me tengo que retirar, se disparó la demanda, si las cosas siguen así tendré que trabajar todo el día sólo para sostener mis bonos.
-No se irrite, mañana a esta hora todo volverá a la normalidad. Antes de que se vaya ¿le pido un favor? ¿podríamos usar nuestras pantallas?- me pidió con cierta timidez.
-Desde luego- afirmé con naturalidad.
-¿Para participar en el referendum?
-Usted no es diferente, es solamente rara- le dije y acerqué el cilindro, ella me mostró un pequeño cubo, ambos digitamos por el NO, al tiempo que un sensor recopilaba nuestra información básica de contacto.
-Espero que quiera usted ser mi taxista, si lo hace de manera desinteresada quizá suban sus bonos- me hizo notar con una sonrisa -larga vida a la provincia- se despidió.
-Yo traigo un atado, lo puedo reponer en un par de horas- me comentó.
-Muchas gracias- le dije mientras recibía la envoltura plástica. Digité en su cubo el abono correspondiente. -Larga vida a la provincia- me despedí a su vez.
Regresé al vehículo, desde el ascensor había estado programando servicios, la sola elaboración de la bitácora elevó mis bonos personales, pero el servicio seguía a la baja, durante dos horas tuve que concentrar toda mi atención en programar el máximo de traslados en el mínimo de tiempo, después la demanda vino a la baja y el servicio se revaloró; aunque el trabajo siguió constante, la presión fue menor. Hasta entonces tuve la oportunidad de abrir la envoltura plástica y sacar un cigarrillo, lo prendí mientras ordenaba al vehículo que programara algo de música con cápsulas sobre actualidad, clima y tráfico vehicular. Faltaban tres horas para dar por terminado el día, así lo registraba la regresiva del cronómetro, cuando éste llegase a cero comenzaría oficialmente la noche y en toda la provincia la actividad de conjunto pararía, el gobierno provincial obligaba a todos sus habitantes a disociarse y restringía las reuniones nocturnas a lugares predestinados, sólo la fracción de la burocracia más encumbrada trabajaba de noche y los vehículos de seguridad pública.
Los mensajes recientes del tablero pedían servicios para el día siguiente. Sólo quedaba desahogar los pendientes, según cálculos cerraría el día con un incremento de un 10 por ciento en los bonos totales. Iba a comentarlo con Cannabis y me percaté que no estaba, llevé mis manos a la cabeza y el mensaje en la pantalla fue que no había sido detectado en ninguna parte del móvil. Lo había dejado en el estacionamiento según los registros del vehículo. Me vino a la mente la imagen de la hermana y aparecieron sus datos en la pantalla, le envié un mensaje y enseguida entró una grabación.
-Le espero a las 20:30 en la cena del santuario tiene lugar registrado, el perro se ha portado muy bien.
Ingresé el dato a la pantalla para cronometrarlo en reversa. Intenté entonces establecer comunicación con Cannabis, me concentré por completo, intenté visualizarlo en el atrio del santuario pero me fue imposible hacer contacto, empecé a sospechar que me rehuía, que tenía miedo del procesador de combustible.
Los procesadores se fabricaban cada vez más pequeños, la memoria central estadounidense llevaba la cuenta rigurosa de su producción y distribución. Al principio se recomendaba procesar al animal vivo, un avance en los precursores químicos permitió iniciar el proceso inmediatamente antes del inicio de la descomposición de la materia orgánica. Andar con un perro era una extravagancia, casi todos los taxistas preferían las aves por ser de fácil manutención e higiénicas, además existían varios laboratorios de clonación en distintos puntos de la provincia que las volvían accesibles. Después de la invasión estadounidense los pocos animales que se podían ver eran clonados, la producción de éstos también también era registrada de manera minuciosa en cuanto a cantidad y calidad por parte de la memoria central, y nadie, ni siquiera un taxista podía tener en su custodia más de un animal. Muy pocas personas tenían mascotas, resultaba poco atractivo que un ser vivo dependiese de ellas, ya que generaba y restaba bonos de manera impredecible en ella. Ya me tocaría bonificar bonificar a la hermana por los cuidados y atenciones para con mi perro.
Le restaban tres minutos al día oficial y atendí el último servicio. Encendí otro cigarrillo y programé el vehículo para que me llevara al estacionamiento del santuario, había otro un par de vehículos en la plancha. Esperé dentro del móvil alrededor de una hora, en tanto busqué sin éxito información sobre las clonaciones en taxis que había visto en el oficina de movilidad y tráfico central, tampoco encontré nada al respecto de rebeldes o insurrectos, me dispuse mejor a revisar los sistemas de la unidad móvil y activé el dispositivo automático de aseo.
Cuando en la pantalla la cuenta de la cita marcó el cero, la desmonté para colocármela en la canilla, salí del móvil y un androide me esperaba, me extendió la mano, con el saludo la máquina hizo su reconocimiento y me dio la bienvenida, me pidió que lo siguiese y se iluminó cuál linterna móvil, me acompañó hasta la salida el estacionamiento. De ahí el resplandor de la plaza iluminaba lo suficiente como para acercarse a la convivencia, me acerqué al jolgorio buscando a Cannabis entre la gente.
Regresé al vehículo, desde el ascensor había estado programando servicios, la sola elaboración de la bitácora elevó mis bonos personales, pero el servicio seguía a la baja, durante dos horas tuve que concentrar toda mi atención en programar el máximo de traslados en el mínimo de tiempo, después la demanda vino a la baja y el servicio se revaloró; aunque el trabajo siguió constante, la presión fue menor. Hasta entonces tuve la oportunidad de abrir la envoltura plástica y sacar un cigarrillo, lo prendí mientras ordenaba al vehículo que programara algo de música con cápsulas sobre actualidad, clima y tráfico vehicular. Faltaban tres horas para dar por terminado el día, así lo registraba la regresiva del cronómetro, cuando éste llegase a cero comenzaría oficialmente la noche y en toda la provincia la actividad de conjunto pararía, el gobierno provincial obligaba a todos sus habitantes a disociarse y restringía las reuniones nocturnas a lugares predestinados, sólo la fracción de la burocracia más encumbrada trabajaba de noche y los vehículos de seguridad pública.
Los mensajes recientes del tablero pedían servicios para el día siguiente. Sólo quedaba desahogar los pendientes, según cálculos cerraría el día con un incremento de un 10 por ciento en los bonos totales. Iba a comentarlo con Cannabis y me percaté que no estaba, llevé mis manos a la cabeza y el mensaje en la pantalla fue que no había sido detectado en ninguna parte del móvil. Lo había dejado en el estacionamiento según los registros del vehículo. Me vino a la mente la imagen de la hermana y aparecieron sus datos en la pantalla, le envié un mensaje y enseguida entró una grabación.
-Le espero a las 20:30 en la cena del santuario tiene lugar registrado, el perro se ha portado muy bien.
Ingresé el dato a la pantalla para cronometrarlo en reversa. Intenté entonces establecer comunicación con Cannabis, me concentré por completo, intenté visualizarlo en el atrio del santuario pero me fue imposible hacer contacto, empecé a sospechar que me rehuía, que tenía miedo del procesador de combustible.
Los procesadores se fabricaban cada vez más pequeños, la memoria central estadounidense llevaba la cuenta rigurosa de su producción y distribución. Al principio se recomendaba procesar al animal vivo, un avance en los precursores químicos permitió iniciar el proceso inmediatamente antes del inicio de la descomposición de la materia orgánica. Andar con un perro era una extravagancia, casi todos los taxistas preferían las aves por ser de fácil manutención e higiénicas, además existían varios laboratorios de clonación en distintos puntos de la provincia que las volvían accesibles. Después de la invasión estadounidense los pocos animales que se podían ver eran clonados, la producción de éstos también también era registrada de manera minuciosa en cuanto a cantidad y calidad por parte de la memoria central, y nadie, ni siquiera un taxista podía tener en su custodia más de un animal. Muy pocas personas tenían mascotas, resultaba poco atractivo que un ser vivo dependiese de ellas, ya que generaba y restaba bonos de manera impredecible en ella. Ya me tocaría bonificar bonificar a la hermana por los cuidados y atenciones para con mi perro.
Le restaban tres minutos al día oficial y atendí el último servicio. Encendí otro cigarrillo y programé el vehículo para que me llevara al estacionamiento del santuario, había otro un par de vehículos en la plancha. Esperé dentro del móvil alrededor de una hora, en tanto busqué sin éxito información sobre las clonaciones en taxis que había visto en el oficina de movilidad y tráfico central, tampoco encontré nada al respecto de rebeldes o insurrectos, me dispuse mejor a revisar los sistemas de la unidad móvil y activé el dispositivo automático de aseo.
Cuando en la pantalla la cuenta de la cita marcó el cero, la desmonté para colocármela en la canilla, salí del móvil y un androide me esperaba, me extendió la mano, con el saludo la máquina hizo su reconocimiento y me dio la bienvenida, me pidió que lo siguiese y se iluminó cuál linterna móvil, me acompañó hasta la salida el estacionamiento. De ahí el resplandor de la plaza iluminaba lo suficiente como para acercarse a la convivencia, me acerqué al jolgorio buscando a Cannabis entre la gente.

